jueves, 22 de abril de 2010

Selección Colombia, un paso adelante, dos atras

En el colmo del descaro y a sabiendas de que en estas naciones bananeras cualquiera puede aspirar a la reelección, aún contra la palabra empeñada y así no se haya cumplido a cabalidad con los objetivos, Luis Bedoya anunció que buscará la suya como presidente del comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol.

En su declaración, y en un evidente intento por alivianar su cuota de responsabilidad en la crisis actual del fútbol colombiano manifestó que el pasado proceso de Selección Colombia, pese a la eliminación del mundial, no puede ser considerado del todo como un fracaso.

Pese al ridículo que todo el mundo vio durante casi tres años, el inefable Bedoya considera que perdió pero a la vez ganó un poco. Con tal elucubración, fruto de la más fina filosofía, no sorprende que todas las cartas estén ya jugadas en el seno de la organización que él preside para el nombramiento de Francisco Maturana como manager de la Selección Colombia rumbo al mundial 2014.

Así las cosas, no desde el banco, sino desde la burocrática posición de manager, el chocoano será quien maneje los hilos de la selección nacional, en todas sus categorías, al menos –nunca se sabe- por los próximos cuatro años. Esto, con un poder que le permitirá influir decisivamente en el nombramiento del seleccionador, la nominación de la sede, y hasta el establecimiento de pautas de trabajo para el cuerpo técnico.

Con tal responsabilidad en sus manos, cabe entonces plantear el interrogante de si es Maturana la persona idónea para enderezar el rumbo de un fútbol que hoy, y gracias a una pésima gestión, alcanza apenas un nivel que le permite medirse de tú a tú con Perú y Bolivia en el vagón trasero de los equipos suramericanos.

Tiene meritos, es innegable. Aunque también, y para ser completamente justos, algunos de ellos sobrevalorados. No debe desconocerse que fue el odontólogo quien condujo a Colombia a los mundiales de 1990 y 1994. Debe tenerse en cuenta, eso sí, que a sus órdenes no estaban Giovanni Hernández ni Hugo Rodallega, sino la mejor generación de futbolistas que este país tuvo, y tal vez tenga jamás, y que pese a eso volvió pronto a casa en ambas ocasiones.

También se le reconoce que dio a Colombia su primera Copa Libertadores, la cual, no obstante, ha sido puesta en tela de juicio por árbitros y jugadores de la época, que han dicho abiertamente, que tan decisivo como el rendimiento futbolístico de aquel Atlético Nacional -sobresaliente por cierto- fue lo que ocurrió fuera de las canchas.

El país debe también a Maturana su primera Copa América en 2001. Gran logro, pero que a nadie quita el sueño. No porque el trofeo lo hubiera entregado Andrés Pastrana. Ni siquiera por la ausencia de Argentina. Básicamente porque el poco interés que los demás equipos brindaron al torneo allanó el camino para el triunfo colombiano, que por momentos, pareció fruto de una precisa coreografía en la que la selección trapeaba el piso con equipos diezmados y desmotivados, que meses más tarde -en las eliminatorias al Mundial 2002- invirtieron tranquilamente la ecuación.

Tales logros no se le niegan a “Pacho”, a quien nadie le quita lo bailado. El lio es que posteriormente, cuesta abajo en su rodada se volvió un abonado al fracaso. Apenas una pieza de museo, a la cual resulta absurdo encomendar el futuro del fútbol colombiano.

Descalabros sucesivos en España, Ecuador, Perú, Costa Rica, Argentina, Trinidad Tobago, y la propia Colombia a la que dejó, por si solo, afuera de los mundiales de 2002 y 2006, han desdibujado su prestigio.

Ni siquiera su bien construida figura de persona ejemplar ha pasado indemne a través de los años. Barcos dejados intempestivamente a la deriva, maltratos y vetos a periodistas que se han atrevido a cuestionarlo, y hasta presuntas componendas para desbancar colegas, han diezmado la imagen de un técnico que ha dejado cada vez más en evidencia que sus mejores días son cosa del pasado.

Como si fuera poco, tampoco hay que olvidar que aún en sus tiempos de gloria fue inferior al reto de mantener al margen de lo profesional su irrefrenable amor por sus amigos y su tierra adoptiva, lo que puede hablar bien de él como ser humano, pero siempre resultó nefasto para el fútbol colombiano.

Por eso, la perspectiva de la llegada de Maturana a la selección, no puede hacer otra cosa que crispar los pelos de cualquiera que aspire a verla en el Mundial 2014. Incluso los de quien se conforme con empezar a salir del ostracismo de los últimos años, pese al cual Luis Bedoya, con ínfulas de mesías -como tantos otros- cree necesitar apenas otro periodo a cargo.

Públicado originalmente en www.semana.com el día 5 de febrero de 2010

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