martes, 17 de noviembre de 2009

¿Vender el alma al diablo?

El pasado jueves 5 de noviembre se llevó a cabo la asamblea de clubes de la Dimayor, que terminó con la toma de decisiones importantes para el futuro del fútbol profesional colombiano.

Algunas de ellas, francamente geniales. Al fin y al cabo, ¿Hay mejor premio para el buen desempeño de la selección sub-17 en Nigeria que la eliminación de la norma que obligaba a los equipos a alinear un jugador juvenil en cada uno de los partidos del campeonato?

También se determinó que Golty seguiría siendo por otros 4 años el proveedor de los balones del torneo. Pero sobre todo, se tomó una de las decisiones más trascendentales de los últimos tiempos en el fútbol colombiano: la designación de Postobón como patrocinador del campeonato, que ante la forzosa retirada de Protabaco, había quedado en un desamparo preocupante.

El tema, decidido por la mayoría absoluta de los equipos asistentes a la Asamblea (55 por ciento), ha desatado una polémica en la que muchas cosas han sido puestas en tela de juicio: desde la transparencia en la toma de la decisión hasta la neutralidad del patrocinador.

Sin embargo resulta injustificable dudar de la sapiencia y buenas intenciones de los directivos asistentes. Sería un sacrilegio sospechar de la decisión tomada. Por ejemplo, y aún en medio del salvaje capitalismo en el que vivimos, el hecho de que las propuestas de Coca Cola y BBVA, fueran económicamente más jugosas no debe verse más que como un hecho anecdótico, carente de relevancia. Todo por amor a la industria nacional, claro.

Tampoco puede ponerse en tela de juicio la independencia del patrocinador, ni alegar la existencia de un burdo conflicto de intereses, que avergonzaría al mismísimo Tomás Uribe. En últimas, resulta apenas un hecho insignificante el que uno de los equipos participantes pertenezca al mismo grupo empresarial del generoso mecenas.

Por si quedan dudas, Ramón Jessurum, presidente de la Dimayor, complacido y con el pecho inflado de felicidad, declaró contar con un acuerdo de palabra por el que Postobón le prometía mantener su neutralidad en el campeonato.

Así, en un país en el que la palabra todo lo vale, las mentes maliciosas podrán dormir tranquilas. Al fin y al cabo, hechos como el sucedido hace unos meses cuando Postobón amenazó con retirar su patrocinio de la Copa que lleva su nombre si Atlético Nacional recibía sanciones –específicamente contempladas en el reglamento del campeonato- son seguramente cosa del pasado.

Tampoco deben quedar dudas cuando la empresa, en señal de buena voluntad y con una cercanía apenas coincidencial a la realización de la Asamblea, desembolsó las sumas que por concepto de cuotas correspondientes a dicho patrocinio, había dejado de cancelar en razón de tal incidente.

En todo caso, la decisión ya está tomada. A estas alturas resulta absurda cualquier suspicacia y entrar en conjeturas es inútil. La verdad es mejor aplicar el principio de buena fe, pensando que más allá de sus intereses y de los precedentes, el patrocinador respetará por encima de todo el espíritu deportivo.

Después de todo lo dicho, no deben preocuparse los hinchas. Además es claro que los directivos de sus equipos no fueron a la Asamblea solo a llenarse los bigotes y las solapas de sus trajes con migas de pastel gloria. No hay que dudar un minuto que, como es su costumbre, tomaron la mejor decisión para sus equipos y para el fútbol colombiano. Lo que si quedó clarísimo es que cualquier pataleo o queja en el futuro, justa o injusta, no puede ser tomada más que como una payasada o como el lamento por su alma de alguien que quizás se la vendió al diablo.


Públicado originalmente el viernes 13 de noviembre de 2009 en www.semana.com

jueves, 5 de noviembre de 2009

Los "sin tocayo"

Bayern Munich, AC Milan y Liverpool así como son clubes famosos, ganadores e inmortales, provocan bostezos por la poca creatividad de sus nombres. Hay instituciones humildes y de las otras que además de jugar contra 11, salen a la cancha con sus blasones henchidos de emoción: pueden perder todos los partidos, pero sus nombres los han inmortalizado, más que las ligas y los títulos que hayan podido ganar.


Al mencionar las palabras Lota Schwager lo primero que pasa por la cabeza es una marca de productos de cuidado capilar, de calidad superior y mayor precio que los de Silueta Schwarzkopf. Muy pocos saben que Lota Schwager es simplemente un club de fútbol de una empobrecida región carbonera del sur de Chile.

En Argentina se encuentra una genuina joya, el Club Atlético Al Ver Verás, fundado en 1930, y que en los ochenta intentara cambiar su nombre por el más anodino de Estudiantes, generando tal animadversión en su afición que sus directivos lo regresaron, tras una temporada pobre en taquillas, a su denominación original.

Sin embargo, estos destellos de creatividad palidecen al lado de Perú, país que si bien en las eliminatorias al Mundial marcha de último, en el campeonato de nombres curiosos para sus equipos es campeón mundial y vitalicio. Inti Gas de Ayacucho, Total Clean de Arequipa. Sport Coopsol, Ciclista Lima, Espartanos de Pacasmayo, Hungaritos Agustinos, Hijos de Yurimahuas y el Deportivo Bolito, tuvieron en su momento su prueba de fuego en el fútbol profesional del país incaico y, claro, pusieron en jaque a los narradores.

Pero no es problema exclusivamente nuestro: en España anda el Júpiter, equipo en el que 11 catalanes de vientre prominente, piernas blancas y rodillas rosadas ponen en juego su honor en una de las divisionales del fútbol regional. A pesar de su esfuerzo, no se lleva el premio máximo en su país, honor que sin duda alguna ostenta un homólogo suyo en la región de Castilla: el Club Atlético Cabeza del Buey.

Tampoco puede olvidarse el zoológico (¿o la granja?) mexicano, en el que entre tantos Pumas, Chivas, Jaguares y Tecolotes se destacan los Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, equipo que después de vivir algunos momentos gloriosos en la A, juega ahora en divisiones menores del futból (ojo, no fútbol) manito, como si el pajarraco del que lleva su nombre hubiese sido atrapado por el coyote.

También merece su espacio nuestro fútbol, que, segundón esta vez de los inigualables peruanos –como en cuestiones de himnos frente a los franceses-, ha visto desfilar entre otros al inefable Boyacá Chicó, que conjugó en un solo engendro a una región predominantemente rural del país con uno de los sectores más elitistas de Bogotá. De lejos se lleva el premio mayor, seguido de cerca por La Equidad, ahora el más poderoso equipo capitalino. En Manizales, sin embargo, se jactan porque su club tal vez es el que más notarías ha tenido que visitar para cambiar su nombre: Once Caldas, Once Deportivo, Cristal Caldas, Varta Caldas y un casi increíble Once Philips, son algunas de las denominaciones a las que los hinchas del “blanco blanco” han debido adaptar nuevamente sus cánticos, sin terminar de aprenderse los viejos.

No se puede terminar este compendio sin mencionar a la más incomprensible de las denominaciones: así como en España, el Real Madrid o la Real Sociedad rinden un justificado honor a la monarquía que por herencia, y tras siglos de tradición, rige sus destinos, los colombianos hemos tenido que ver sorprendidos cómo, seguramente al calor de unos rones, enloquecidos directivos han creado engendros como el Real Cartagena o el Real Santander. Esto, en unas tierras en que los únicos reyes que se conocen son el Rey Vallenato y el Rey Momo.

Al final, todo deja de ser un problema de nombre: se convierte en tema de identificación para ciertas características de los futbolistas. Por ejemplo hay que brindar porque el borrachín y talentoso jugador venezolano Stalin Rivas (ex Millonarios) terminó su carrera en el… Guaros de Lara. Pudo haberlo hecho también en el famoso 11 Whiskies Dobles, de Argentina. Mejor no especular sobre qué jugador, técnico o dirigente quisiera fichar para el Bonita Banana de Ecuador.

Texto públicado originalmente en Revista Shock, Febrero de 2009.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La revancha de Reinaldo.

Montados en el bus de la victoria, muchos colombianos celebran como propia la clasificación al mundial, que de la mano de Reinaldo Rueda obtuvo la selección hondureña.

Al terminar la eliminatoria para Alemania 2006, parte de la afición e incluso sectores de la prensa pidieron en coro la salida de Rueda, entonces técnico de Colombia. Lo calificaron de inepto y falto de carácter. Ahora cambiaron de bando, con una habilidad que haría sonrojar a más de uno de los congresistas de Cambio Radical. Aclaman su nombre como el salvador, luego de presenciar la debacle en que terminó la reciente eliminatoria.

Sin embargo, para desilusión de tanto oportunista suelto, debe decirse que el triunfo es de Rueda, y sólo de Rueda. En absoluto lo es del país que con una grosería que rozó en el desprecio le dio la espalda hace cuatro años.

No obstante, sin intentar presumir de triunfos ajenos, resulta justo hacer un reconocimiento al técnico vallecaucano, que con seriedad, trabajo y un proceso serio, llevó a la selección hondureña de vuelta a un mundial de fútbol después de 28 años.

En este país donde ante la improvisación solo queda esperar milagros, sorprende el trabajo de un tipo como Rueda, que no es fruto de la suerte, la rosca, las lágrimas o las promesas al señor milagroso de Buga. No. Es fruto de un proceso que involucra –mas allá de sus estudios en Europa- la dirección de combinados regionales y nacionales en todas las categorías, incluyendo su experiencia frustrada en la Selección Colombia de mayores.

Frustrada, entre comillas, si se tiene en cuenta que recibió el equipo en estado comatoso, de parte del desvergonzado Francisco Maturana, quien con su 8 por ciento de rendimiento dejó casi un muerto insepulto. El mismo que Reinaldo en una campaña titánica logró revivir para perder la clasificación a Alemania en la última fecha, y apenas por diferencia de goles.

Pero Rueda -pese a ganar más puntos en menos partidos de los que lograron Pinto y Lara juntos- contrariando la mentalidad imperante en un país que duerme en sus laureles, aprendió de sus errores. Continuó trabajando y actualizándose, hasta que un llamado de la federación hondureña en 2007 le brindó la oportunidad de la revancha.

Allí, aquel hombre que llegó a Tegucigalpa manejando un bajo perfil, se transformó en una especie de Mesías. A punta de trabajo esforzado y silencioso, conformó un cuerpo técnico que logró la hazaña de clasificar a la modesta selección centroamericana para el mundial, después de continuas frustraciones.

Con todo lo dicho es claro que Rueda, sin ser perfecto –su inveterada lentitud para efectuar cambios en momentos críticos se ha minimizado pero no se ha ido del todo- es la única opción aceptable, entre los técnicos colombianos, para asumir las riendas de la selección rumbo al próximo mundial. Esto con perdón de los entusiastas que vienen mencionando con fuerza el nombre de Leonel Álvarez, quien si bien puede tener mucho futuro, hasta ahora como entrenador no le ha ganado a nadie.

En todo caso, es bien difícil que Rueda con un mundial encima, esté dispuesto a trabajar con los mismos que en su anterior paso por la selección lo sacaron por la puerta de atrás. Olvidaron que lidiaban con algo con lo que claramente no están acostumbrados: un profesional.

Lo mejor que se puede desear al caleño en este momento es mucho éxito, eso si, antes de que la sal que suele verter este país en sus hijos caiga sobre él. Ante todo ahora que muchos resolvieron que Honduras será Colombia en el mundial, como hace cuatro años lo fue Ecuador o como siempre lo es cualquier equipo en el que un colombiano sirva, así sea de aguatero, diseñador de uniformes, catador de los huevos del desayuno o consejero espiritual.

Publicado originalmente el domingo 1 de noviembre de 2009 en www.semana.com

martes, 20 de octubre de 2009

¿Sabe porque defiendo a Maradona? Por personas como UD.

Tomado del blog argentino "No te vayas estupida". Yo no hubiera podido escribirlo mejor.


"¿SABE POR QUÉ DEFIENDO A MARADONA? POR PERSONAS COMO UD."

En "La Venganza" de anoche mismo, Alejandro Dolina, ante el mensaje de una oyente, se expidió con vehemencia sobre el Maradonagate. Transcribo:

"Una oyente dice: 'Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer'.

Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado (y en la televisión ni hablemos), ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.

Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.

Y eso de "que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial"... ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quién tenemos que quedar bien? ¿Dónde esta la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!

Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como, no sé, el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir "pero mirá que bien pensó éste". Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.

Así que ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez.

Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre".

viernes, 16 de octubre de 2009

Los culpables

Con la cabeza caliente por la eliminación del mundial de Sudáfrica, el país busca culpables de lo que pasó y hace conjeturas sobre lo que vendrá. Como no podía ser de otra forma, después de la vergonzosa presentación ante los chilenos en Medellín, las miradas se han posado en el técnico y los jugadores como responsables de la debacle.

Sin embargo, debe decirse que no tiene la culpa el técnico, quien, llamado a apagar un incendio, tuvo como único pecado el haber sido inferior al reto. Lara venía precedido de un buen trabajo en combinados juveniles pero demostró no estar preparado para asumir la selección de mayores. Para no ir más lejos, le faltó el talante para oponerse a las pataletas de los mal llamados líderes del equipo a quienes trajo de vuelta para terminar negociando con ellos el manejo del grupo y hasta la sede de los partidos.

Tampoco tienen la culpa los jugadores. Sería injusto responsabilizar, por poner un ejemplo, a Giovanni Hernández. A fin de cuentas no es su pecado que tantas esperanzas se hayan depositado sobre él, si se ha empeñado en dejar claro durante años, que es apenas un jugador del montón, asustadizo a la hora de los retos serios con la selección.

Menos son culpables otros jugadores como Falcao García, Jackson Martínez o Hugo Rodallega, los delanteros colombianos señalados de la falta de gol del equipo. Pero ellos pese a su esfuerzo, con Giovanni encargado de generarles los pases, debieron sentirse más solos que Gagarin en su cápsula espacial.

En este caso y contrario al refrán, no hay lugar a dudas de que el muerto si debe buscarse río arriba. En el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol es donde recae la responsabilidad por una derrota con sabor a vergüenza.

Vergüenza que se convierte en ira cuando la cabeza visible de dicho comité, Luis Bedoya, sale a declarar al término del partido con Chile que es apresurado tomar decisiones. Lo mínimo que se esperaba de alguien con algo de decencia es que hubiera anunciado ante los medios la renuncia irrevocable a su cargo.

Ante tal desfachatez se pregunta uno si Bedoya hablaba desde Medellín, y realmente había visto el partido, o si pasó la tarde del sábado en los columpios de alguna finca sabanera como hace los fines de semana, mientras todo el mundo ve fútbol, tal y como es sabido.

Sólo a unos tipos que no les interesa el fútbol se les ocurriría dejar de lado la oferta del Gobierno Nacional. Éste, ante la falta de pan quería colmar al país de circo. Según declaró Francisco Santos estaba dispuesto a cancelar la suma que, en su momento, exigía Marcelo Bielsa para asumir las riendas de la selección. Bielsa cambió la cara del fútbol chileno, mientras Colombia debió conformarse durante media eliminatoria con ver la cara de llanto de su técnico.

Sólo al interés mezquino de unos personajes a quienes el juego les tiene sin cuidado, se les ocurriría truncar un proceso exitoso como el que llevaba Eduardo Lara en juveniles. Todo para procurarse un seleccionador nacional, sin bagaje con mayores y de entrada manipulable. Seguramente ahora cortarán su cabeza e ilusionarán al país con uno extranjero que les sirva de cortina de humo. Solo mientras las mareas se calman y encuentran uno a su medida, que no exija, no ponga problemas y sobre todo, que acepte sin chistar sus imposiciones.

Por eso, lo único aceptable ahora para el fútbol colombiano es que los miembros del Comité Ejecutivo de la Federación, empezando por su presidente, den un paso al costado. Son los responsables únicos de un fracaso surgido -mas que en la cabeza del técnico o en las piernas de los jugadores- en su propia incompetencia, falta de visión y si, en la preponderancia de intereses personales que todo un país conoce.

Publicado originalmente el viernes 16 de octubre de 2009 en www.semana.com

Sin excusas

A menos de una semana del partido contra Chile, en el cual Colombia se jugará la última carta para regresar al mundial, la selección entrena en Medellín a las órdenes de Eduardo Lara. Tal y como se esperaba el técnico convocó para la ocasión a un equipo sin mayores novedades respecto al que prácticamente sepultó la clasificación contra Uruguay en Montevideo.

Y es que pese a los paupérrimos recuerdos que dejó la selección en la derrota ante el peor combinado charrúa que se haya visto en los últimos 10 años, puede afirmarse con base en hechos claros, que Colombia no tiene excusas para superar con facilidad a los chilenos.

Para empezar, se juega en el Atanasio Girardot, sede determinada por los veteranos del equipo, quienes lograron mover el partido con su poder de persuasión. Éste, originalmente programado para disputarse en Bogotá, se trasladó a la capital antioqueña donde la selección se siente como en casa, según vociferaron un par de figurones.

En casa uno se siente a sus anchas. Por eso, y sin duda alguna, el partido contra los chilenos tiene que ser un mero trámite para los dirigidos por Lara. Ellos, ante el intimidante aliento de 15 o 18 mil personas –incondicionales sólo mientras sea alineado el ídolo de “la tierra”- tienen la obligación de imponer las condiciones en la cancha.

Bajo esta circunstancia, y en este país en donde hasta los subsidios otorgados a la agricultora Valerie Domínguez tienen una excusa, resultaría literalmente injustificable que el equipo no venciera a los australes. Además los líderes, con nombre propio, se apuntarían su tercer fracaso consecutivo en eliminatorias mundialistas, pese a contar con el don divino de tener clarísimo lo que le conviene a la selección.

Tampoco tendrán excusa los dirigentes que tienen en el banco al técnico ideal: buen padre de familia, sensible, de llanto fácil y voluntad flexible. Él mismo que conociendo la suerte corrida por su predecesor Jorge Luis Pinto, ha acostumbrado al país a verle aceptar las “sugerencias” de jugadores sobre la sede del partido, de directivos sobre los partidos de preparación, e incluso de empresarios sobre los que deben alinearse. Estos intereses encontraron en Lara al técnico de sus sueños. Un personaje que les cae como anillo al dedo y que a juzgar por estas actitudes sigue el conocido refrán: el que no sirve que no estorbe.

No hay justificación para la derrota. Al fin y al cabo, la selección se enfrenta apenas a la de Marcelo Bielsa, técnico modesto e indigno de dirigir a Colombia por el hecho de no ser capaz de ubicar en el mapa el municipio de La Tebaida. Todo a juzgar por el curioso criterio de los miembros de la plana mayor de la Federación Colombiana de Fútbol, quienes dudan en aventurarse más allá (o mejor dicho, más acá) de Cajamarca por temor a encontrarse con dragones y monstruos desconocidos.

Menos excusas tendrá el técnico que encuentra a la mayoría de sus convocados atravesando picos de rendimiento altos. Por mencionar solo algunos: Falcao García y Rodallega llegan precedidos de varios goles en Europa, Jackson Martínez se saborea en la cima del rentado nacional, y Giovanni Hernández -quien a sus 33 añitos sigue siendo la gran promesa del fútbol colombiano- brilla domingo a domingo en el Junior de Barranquilla.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente para superar a los chilenos, la suerte también parece empeñada en ayudar a la selección. La repentina y lamentable lesión del arquero Agustín Julio, garantiza que Colombia no saltará a la cancha con un gol de desventaja como fue costumbre en los últimos partidos.

A las patadas.

Cuando lean esta columna, un grupo de jugadores, algunos más disfrazados que ataviados con el uniforme de la selección Colombia, ya habrán brincado durante 90 minutos en una cancha en Dallas para ganarle 2 a 1 a la selección mexicana. Fue el último choque amistoso de preparación para los partidos contra Chile y Paraguay en el cierre de las eliminatorias suramericanas rumbo al mundial de Sudáfrica 2010.

Pero aunque el partido pudo tener mucho de amistoso, realmente tuvo muy poco de preparatorio. Pese a las cuentas mágicas de los gurús de las calculadoras –y a las ilusiones exacerbadas de un país cada día más colmado de “pasión” y más ajeno a la razón- la selección se encuentra al borde del nocaut casi desde el comienzo mismo de las eliminatorias.

El momento no podía ser peor. A menos de dos semanas de los juegos de eliminatoria y con jornadas importantes que se jugaron justo el mismo día en los torneos continentales europeos, el técnico Eduardo Lara -quien claramente no es Marcelo Bielsa, y terminó obedeciendo las órdenes de sus patrones- debió conformarse con armar un equipo basado en jugadores del pobre torneo local. Muchos posiblemente estrenan pasaporte para la ocasión, el mismo que archivarán al volver al país, a menos que sea para llevar a los niños a Disney World, porque tal vez esta experiencia con la selección sea la única en sus vidas.

El lugar tampoco podía ser peor. Las tradicionales políticas migratorias del gobierno estadounidense y la obstinación de improvisar partidos en este país, limitaron aún más las posibilidades de llevar un equipo similar al que debería prepararse para los partidos de eliminatoria. Este factor, obvio para cualquier ser humano con el discernimiento de un chimpancé, sigue pasando increíblemente desapercibido para los dirigentes de la Federación Colombiana de Fútbol.

Para colmo, el rival, aparentemente de peso, tampoco dio motivos de consuelo. En todas partes se cuecen habas, y más allá del gusto por El Chavo y la pasión por las rancheras, muchas prácticas nos hermanan a los mexicanos. Así, los directivos manitos no fueron inferiores al reto impuesto por sus pares colombianos y se las arreglaron para llevar a territorio norteamericano un rejuntado que, pese a estar lleno de nombres históricos, poco tiene que ver con el equipo actualmente inmerso en las eliminatorias al mundial por su zona: la Concacaf.

El hecho de que el resultado del partido haya sido positivo, no pasará de ser una anécdota importante apenas para los gomosos de las estadísticas. Algunos jugadores habrán vivido la mejor experiencia de sus vidas; Sus madres felices, los habrán visto en la televisión. Uno que otro empresario habilidoso, seguramente se habrá llevado unos buenos dólares y uno que otro directivo gordo, habrá gastado sus viáticos al calor de unos cuantos whiskies.

Este jueves o a más tardar la semana entrante, Lara publicará la lista definitiva de jugadores para afrontar los partidos con Chile y Paraguay. En la lista de 22 habrá a lo sumo 2, 3 o 5 de aquellos que fueron a “prepararse” a Dallas.

Pero más allá del resultado con triunfo de Colombia, el fútbol colombiano pierde. Llegarán los partidos decisivos y se habrá desperdiciado la posibilidad de tener una verdadera preparación en otro momento, en otro lugar y ante otro rival. Y seguirá perdiendo, porque al parecer, los directivos colombianos no han logrado entender que en el fútbol, los únicos que tienen el derecho de hacer las cosas con las patas son los futbolistas.


Públicado originalmente el jueves 1 de octubre de 2009 en www.semana.com