jueves, 22 de abril de 2010

La mala suerte de un buen jugador.

Está claro que este país es un manicomio y está plagado de orates de todas las pelambres. Andrés Felipe Arias cree tener talla presidencial. La revista Cambio es silenciada por sus propios dueños. Diego Umaña pretende expiar en cabeza de su arquero la culpa de su propia incompetencia y el “Chiqui” García considera que Millonarios anda bien.

Por eso, en un medio en el que al parecer la locura y la ridiculez son contagiosas, Ramón Cabrero, el argentino que dirige al Atlético Nacional anunció, como la cosa más normal del mundo, que no volverá a contar en su equipo con Edwin Cardona, el joven mediocampista de talento superlativo que es una de las principales promesas, no solo del equipo antioqueño, sino del fútbol nacional.

La razón no reside en una lesión, en el mal comportamiento personal del jugador, en su bajo rendimiento dentro de la cancha, o en el hecho de que en Nacional abunden jugadores con sus mismas características y condiciones. Lo que el técnico de origen gallego (vale decirlo) argumenta para dejar a Cardona a la vera del camino es la inminencia de continuos llamados que para la Selección Colombia Sub-20 tendrá durante el semestre que se avecina. En conclusión, y para no darle muchas vueltas, Cabrero castiga al jugador por bueno.

Cardona, al parecer, es un tipo de malas. El año pasado una inoportuna lesión a pocas semanas del Mundial Sub-17 de Nigeria lo dejó por fuera del campeonato. La selección finalmente participó, obtuvo un buen cuarto lugar, pero quedó el sinsabor de que con la presencia del jugador, su figura indiscutible, hubiera podido llegar más lejos.

Ahora el buen Edwin se estrella de frente con un técnico que al parecer no ve más allá de sus narices, o al que por lo menos no le interesa ver mas allá del mes de mayo, fecha en la que con un portazo en las narices de los directivos y la hinchada verde anunció su partida, independientemente de los resultados.

Y no solo es de malas Cardona, quien con la decisión se verá privado de foguearse en el fútbol profesional, lo que sin duda resulta clave en su crecimiento como futbolista. Con la medida, de paso, se reafirma uno de los problemas endémicos que se han evidenciado en el jugador colombiano joven, sobre todo ahora que gracias a las presiones y quejas de pequeños y grandes Cabreros, la Dimayor en una decisión llena de su habitual genialidad y clarividencia suprimió la norma por la cual se obligaba los equipos a alinear un jugador menor de 18 años.

También lo es la gente de uno de los equipos grandes de este país que depositó sus esperanzas en un técnico que, pese a que llegó al país con mucho bombo, apenas ha obtenido en el banco verde resultados que no difieren en mucho de los de cualquier Carlos Navarrete o José Fernando Santa.

Y es que nadie culpa a Cabrero de querer irse en mayo. Es incluso comprensible que ceda a las presiones de su mujer para regresar a Argentina, que se muera por volver con Lanús, el club de sus amores, o incluso que le genere algún resquemor el hecho de vivir en la ciudad en la que murió Gardel.
Lo verdaderamente triste es que no busque una salida amistosa en este momento. En lugar de enfocar todas sus energías en un cada vez más incierto resultado de corto plazo, aún a costa de empecinarse en atentar, con decisiones absurdas como esta, contra los intereses futuros de la institución.

Tampoco tiene suerte la Selección Colombia Sub-20, que a casi un año de tener la histórica oportunidad de disputar un mundial en casa, ve como uno de sus jugadores más talentosos (justo en una posición en la que el talento escasea) se priva de tener la experiencia profesional que resulta decisiva a ese nivel.

Así las cosas, lo único que queda hacer es apelar a la conciencia del técnico, para que reconsidere su decisión (por cierto, no es que Cardona le sobre a ese equipo) o al menos que dé un oportuno paso al costado antes de atentar de esa forma contra el futuro de un muchacho de 17 años, de dilapidar el patrimonio del equipo que le dio la oportunidad, y de sentar un duro golpe al fútbol de un país que lo recibió con las puertas abiertas.

Publicado originalmente el viernes 5 de marzo de 2010 en www.semana.com

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