miércoles, 28 de abril de 2010

Bienvenido Bolillo

Mucho se habló, mucho se especuló. Corrieron mares de tinta y se mencionaron nombres de todas las pelambres. Sin embargo, y como todo indicaba, el comité ejecutivo de la Federación de Fútbol anunció oficialmente que tiene a Bolillo Gómez como candidato único a director técnico de la selección Colombia.

La noticia es la demostración de que acá puede pasar cualquier cosa. Al fin y al cabo a nadie podrá extrañar que el día de mañana Andrés Pastrana se haga reelegir como presidente o que Monseñor Darío Castrillón sea designado director del ICBF.

En un país en el que nadie responde por nada, y donde no vale la pena esforzarse pues tanto se premia lo mediocre como lo bueno, pues lo importante es la pasión, el fútbol no podía ser la excepción. Luis Bedoya, presidnete de la Federación Colombiana de Fútbol, –seguramente riéndose con Maturana de ver como todo el mundo botaba corriente- impuso, contra toda conveniencia, la idea que tenía desde el primer momento en su cabeza.

No obstante para bien o para mal, se pone fin al limbo en el que había caído el destino de la selección desde el frustrante final de las eliminatorias para Sudáfrica, y el fin del ciclo de Eduardo Lara al frente del equipo.

Así las cosas, y más allá de los reparos, de la posibilidad inminente de un retroceso (si, aun es posible retroceder más), y de que el manejo dado a la situación deje mucho que desear, hay que mirar para adelante y tratar de sacar en limpio lo positivo del nombramiento de Gómez, y darle la bienvenida al frente de la selección.

Aparte del generoso desagravio que con la designación se hace a los hermanos ecuatorianos, se abona a Bolillo su honestidad. Nunca pretendió ocultar las componendas que venía haciendo para obtener el puesto. Quizás por eso nunca llegue a ser director del Sena ni mucho menos ministro de Defensa, pero al menos, queda claro que se moría por dirigir la selección, y dado que al parecer se tiene mucha fe, el único resultado admisible de su parte es la clasificación al mundial. Eso sí, ojalá en el 2014 y no en el 21014.

Esto, porque mas allá de las dudas, cualquiera esperaría que los años y los golpes – que por cierto no han sido pocos- algo le hayan enseñado a Hernán y sean del pasado aquellas máculas que siempre se le criticaron, aún en sus tiempos de gloria: su regionalismo malsano, sus amiguismos y su permisividad con ciertos personajes que en algún momento terminaron saliéndose de las manos.

Por eso mismo, es de esperarse que a ese Bolillo al que hoy se da la bienvenida, y pide de entrada que el país se una en torno suyo, no lo termine dividiendo con decisiones absurdas como aquellas a que se acostumbró en sus épocas de juventud.

Contará, además, con todo el respaldo de unos directivos que claramente saben lo que hacen y a los que evidentemente no les gusta improvisar. Por eso ya se habla de un partido amistoso contra Sudáfrica en Johanesburgo el 27 de mayo, menos de 24 horas después de la final de la Liga Postobón, en la que se supone jugarán varios de los mejores jugadores del país. Sin lugar a dudas un encuentro muy oportuno para que Bolillo calibre de entrada con lo que cuenta para los cuatro años en que seguramente, y pase lo que pase, estará al frente de la selección.

Capítulo aparte merece la acertada designación de Leonel Álvarez como asistente. Aunque debe decirse, en honor a la verdad, que no hay en ello merito alguno de la dirigencia de la Federación. Salta a la vista que la intención no es acercar a la selección a un técnico joven y con futuro. Es evidente que usando su buena imagen lo que se pretende es neutralizar la imagen negativa que Bolillo genera en un gran sector, y dar la impresión de que se piensa en lo único que claramente nunca ha pasado por las cabezas de los actuales directivos: El Futuro.

Leonel, quien podría ser una opción interesante en unos años –pues como lo ha demostrado con el DIM en la Libertadores, aún le falta- debe aprovechar la oportunidad para enriquecerse y sacarle el mayor jugo a la experiencia. Claramente Bolillo no es Scolari ni Luxemburgo, pero también puede enseñarle cosas a la gente.

Después de todo en Ecuador aún muchos recuerdan que uno de sus grandes méritos fue haber enseñado a los jugadores de la selección a orinar sentados para no mojar el bizcocho. Para Iván Ramiro Córdoba, por otro lado, siempre será una experiencia de vida su banqueada en el mundial del 98. Aprendió quizás, gracias a Bolillo, que en el mundo real, y sobre todo en éste fútbol -como en éste país- hay muchas cosas por encima de los merecimientos y del talento.

Publicado originalmente en www.semana.com el 22 de abril de 2010.

jueves, 22 de abril de 2010

Fedefútbol: Crónica de una Muerte Anunciada.

Lo que hace tiempo se veía venir, por fin está consumado. En contra de sus propias palabras, del sentido común y de la conveniencia del fútbol de este país, se eligió el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol y Luis Bedoya -principal responsable de la eliminación del mundial de Suráfrica, y quien muy democráticamente designó a medio comité- fue reelegido como presidente del mismo hasta el año 2014.
Así las cosas, y después del circo, será Luis Herberto quien ponga la cara (bueno, es un decir), al frente de retos importantes para el fútbol colombiano: el mundial juvenil de 2011 y las eliminatorias para el mundial de Brasil.

El mundial juvenil al parecer, marcha sobre ruedas. Hace un par de semanas Jack Warner, oscuro dirigente de la FIFA –y no propiamente por su color de piel- se pavoneó por todo el país, como si se tratara de El embajador de la India. Tomó whisky, comió rico, vio mujeres y en sus ratos libres, dio el visto bueno a las subsedes propuestas.

Tal vez queriendo estar a la altura de la lambonería que le profesaron el propio Bedoya, Samuel Moreno y Pacho Santos, Warner se despidió instando al país a postularse para el mundial de mayores de 2026, en cuya organización debe estar ya trabajando fuertemente –y con toda solemnidad- el gobierno Uribe. La declaración fue celebrada con bombos y platillos por los áulicos de siempre, quienes sin embargo pasaron por alto lo único relevante que dejó la visita del trinitario: sólo 7 sedes aprobará la FIFA para el certamen de 2011.

Con esto, sin quererlo, Warner dio el primer golpe a la flamante y omnipoderosa dirigencia de la Federación que en cuanto Colombia recibió la sede, y pasando por alto ciudades con más merecimientos recientes e infraestructura como Cúcuta, impuso sin más consideraciones que las netamente personales, y como si no fuese suficiente con una o dos, a las tres capitales del eje cafetero como subsedes.

Ahora, con sus palabras, seguramente se deberá prescindir de una de ellas. Una desgracia para su afición, que siempre ha estado a la altura del reto, pero sobre todo para Bedoya y Álvaro González, quienes para ver el mundial tendrán que ir más allá de Cajamarca donde monstruos ignotos y criaturas fantásticas los esperan.

Sin embargo, para su consuelo, el aterrador viaje puede ser aprovechado para cumplir aquel anhelo que tanto les quita el sueño: la firma del contrato con Francisco Maturana como manager de las selecciones Colombia. Sueño para unos, pesadilla para otros, y entronización del fracaso, para los más benévolos. La rúbrica será apenas la confirmación de una decisión ya tomada por Bedoya y su camarilla, quienes sin haber sido oficialmente reelegidos, y confiadísimos en sus arreglos y componendas, ya tenían comprometido ese puesto.

Pacho, genio y figura, como siempre empeñado en demostrar que eso de que la gente evoluciona y el hombre aprende de sus errores no es más que un cuento chino, seguramente propondrá a su amigazo Hernán como seleccionador nacional.
Gómez, quien recientemente ha fracasado en clubes como Santa Fe y también en selecciones como Guatemala, y que se jacta de no requerir actualización, por lo que jamás ha asistido a una, será oficialmente el técnico de Colombia.

Las consecuencias sin duda serán nefastas. Mas allá de seguir viendo mundiales por televisión y de pegar monas en el álbum con los jugadores de Paraguay, Uruguay y hasta Chile, Colombia habrá perdido 4 años para iniciar un proceso que traiga cambios a su fútbol. El mismo que sólo podría ser encabezado por un técnico extranjero o al menos por uno colombiano cuyos logros no tengan que ser vistos en VHS, y que vuelva a dar al país un nombre medianamente respetable a nivel internacional.

Con Gómez, el fútbol colombiano retrocede a 1998. Entonces, no por falta de material humano, sino por una conducción que la apocó desde el primer día –como a Ecuador 4 años después-, la selección se despidió del mundial de Francia en medio del oprobio, después de mostrarse ante Inglaterra como un equipo que pese a tener dos mundiales a cuestas, solo iba a aprender: impotente, asustadizo, humilde en el peor de los sentidos, y al que sin Mondragón, le habrían hecho una docena.
Sin duda, en este país, donde el tipo de Agro Ingreso Seguro saca más de un millón de votos y algo con la calaña del PIN llega al Congreso, es posible incluso que la reelección de Bedoya y la inminente llegada de Maturana y Gómez sean recibidas con entusiasmo por algunos.

Los demás nos despedimos desde ya del mundial de 2014, año en el cual, indudablemente, Bedoya, honrando su palabra como ahora y con la cara dura que lo caracteriza, se hará reelegir nuevamente. Tal vez buscando un cambio generacional designará como técnico de la selección a cualquier “Barrabas” Gómez, con la promesa de que con éste –obviamente con Maturana y Bolillo como asesores- retornará el cacareado ciclo “triunfador” que clasificará a Colombia para el 2018.

La mala suerte de un buen jugador.

Está claro que este país es un manicomio y está plagado de orates de todas las pelambres. Andrés Felipe Arias cree tener talla presidencial. La revista Cambio es silenciada por sus propios dueños. Diego Umaña pretende expiar en cabeza de su arquero la culpa de su propia incompetencia y el “Chiqui” García considera que Millonarios anda bien.

Por eso, en un medio en el que al parecer la locura y la ridiculez son contagiosas, Ramón Cabrero, el argentino que dirige al Atlético Nacional anunció, como la cosa más normal del mundo, que no volverá a contar en su equipo con Edwin Cardona, el joven mediocampista de talento superlativo que es una de las principales promesas, no solo del equipo antioqueño, sino del fútbol nacional.

La razón no reside en una lesión, en el mal comportamiento personal del jugador, en su bajo rendimiento dentro de la cancha, o en el hecho de que en Nacional abunden jugadores con sus mismas características y condiciones. Lo que el técnico de origen gallego (vale decirlo) argumenta para dejar a Cardona a la vera del camino es la inminencia de continuos llamados que para la Selección Colombia Sub-20 tendrá durante el semestre que se avecina. En conclusión, y para no darle muchas vueltas, Cabrero castiga al jugador por bueno.

Cardona, al parecer, es un tipo de malas. El año pasado una inoportuna lesión a pocas semanas del Mundial Sub-17 de Nigeria lo dejó por fuera del campeonato. La selección finalmente participó, obtuvo un buen cuarto lugar, pero quedó el sinsabor de que con la presencia del jugador, su figura indiscutible, hubiera podido llegar más lejos.

Ahora el buen Edwin se estrella de frente con un técnico que al parecer no ve más allá de sus narices, o al que por lo menos no le interesa ver mas allá del mes de mayo, fecha en la que con un portazo en las narices de los directivos y la hinchada verde anunció su partida, independientemente de los resultados.

Y no solo es de malas Cardona, quien con la decisión se verá privado de foguearse en el fútbol profesional, lo que sin duda resulta clave en su crecimiento como futbolista. Con la medida, de paso, se reafirma uno de los problemas endémicos que se han evidenciado en el jugador colombiano joven, sobre todo ahora que gracias a las presiones y quejas de pequeños y grandes Cabreros, la Dimayor en una decisión llena de su habitual genialidad y clarividencia suprimió la norma por la cual se obligaba los equipos a alinear un jugador menor de 18 años.

También lo es la gente de uno de los equipos grandes de este país que depositó sus esperanzas en un técnico que, pese a que llegó al país con mucho bombo, apenas ha obtenido en el banco verde resultados que no difieren en mucho de los de cualquier Carlos Navarrete o José Fernando Santa.

Y es que nadie culpa a Cabrero de querer irse en mayo. Es incluso comprensible que ceda a las presiones de su mujer para regresar a Argentina, que se muera por volver con Lanús, el club de sus amores, o incluso que le genere algún resquemor el hecho de vivir en la ciudad en la que murió Gardel.
Lo verdaderamente triste es que no busque una salida amistosa en este momento. En lugar de enfocar todas sus energías en un cada vez más incierto resultado de corto plazo, aún a costa de empecinarse en atentar, con decisiones absurdas como esta, contra los intereses futuros de la institución.

Tampoco tiene suerte la Selección Colombia Sub-20, que a casi un año de tener la histórica oportunidad de disputar un mundial en casa, ve como uno de sus jugadores más talentosos (justo en una posición en la que el talento escasea) se priva de tener la experiencia profesional que resulta decisiva a ese nivel.

Así las cosas, lo único que queda hacer es apelar a la conciencia del técnico, para que reconsidere su decisión (por cierto, no es que Cardona le sobre a ese equipo) o al menos que dé un oportuno paso al costado antes de atentar de esa forma contra el futuro de un muchacho de 17 años, de dilapidar el patrimonio del equipo que le dio la oportunidad, y de sentar un duro golpe al fútbol de un país que lo recibió con las puertas abiertas.

Publicado originalmente el viernes 5 de marzo de 2010 en www.semana.com

Selección Colombia, un paso adelante, dos atras

En el colmo del descaro y a sabiendas de que en estas naciones bananeras cualquiera puede aspirar a la reelección, aún contra la palabra empeñada y así no se haya cumplido a cabalidad con los objetivos, Luis Bedoya anunció que buscará la suya como presidente del comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol.

En su declaración, y en un evidente intento por alivianar su cuota de responsabilidad en la crisis actual del fútbol colombiano manifestó que el pasado proceso de Selección Colombia, pese a la eliminación del mundial, no puede ser considerado del todo como un fracaso.

Pese al ridículo que todo el mundo vio durante casi tres años, el inefable Bedoya considera que perdió pero a la vez ganó un poco. Con tal elucubración, fruto de la más fina filosofía, no sorprende que todas las cartas estén ya jugadas en el seno de la organización que él preside para el nombramiento de Francisco Maturana como manager de la Selección Colombia rumbo al mundial 2014.

Así las cosas, no desde el banco, sino desde la burocrática posición de manager, el chocoano será quien maneje los hilos de la selección nacional, en todas sus categorías, al menos –nunca se sabe- por los próximos cuatro años. Esto, con un poder que le permitirá influir decisivamente en el nombramiento del seleccionador, la nominación de la sede, y hasta el establecimiento de pautas de trabajo para el cuerpo técnico.

Con tal responsabilidad en sus manos, cabe entonces plantear el interrogante de si es Maturana la persona idónea para enderezar el rumbo de un fútbol que hoy, y gracias a una pésima gestión, alcanza apenas un nivel que le permite medirse de tú a tú con Perú y Bolivia en el vagón trasero de los equipos suramericanos.

Tiene meritos, es innegable. Aunque también, y para ser completamente justos, algunos de ellos sobrevalorados. No debe desconocerse que fue el odontólogo quien condujo a Colombia a los mundiales de 1990 y 1994. Debe tenerse en cuenta, eso sí, que a sus órdenes no estaban Giovanni Hernández ni Hugo Rodallega, sino la mejor generación de futbolistas que este país tuvo, y tal vez tenga jamás, y que pese a eso volvió pronto a casa en ambas ocasiones.

También se le reconoce que dio a Colombia su primera Copa Libertadores, la cual, no obstante, ha sido puesta en tela de juicio por árbitros y jugadores de la época, que han dicho abiertamente, que tan decisivo como el rendimiento futbolístico de aquel Atlético Nacional -sobresaliente por cierto- fue lo que ocurrió fuera de las canchas.

El país debe también a Maturana su primera Copa América en 2001. Gran logro, pero que a nadie quita el sueño. No porque el trofeo lo hubiera entregado Andrés Pastrana. Ni siquiera por la ausencia de Argentina. Básicamente porque el poco interés que los demás equipos brindaron al torneo allanó el camino para el triunfo colombiano, que por momentos, pareció fruto de una precisa coreografía en la que la selección trapeaba el piso con equipos diezmados y desmotivados, que meses más tarde -en las eliminatorias al Mundial 2002- invirtieron tranquilamente la ecuación.

Tales logros no se le niegan a “Pacho”, a quien nadie le quita lo bailado. El lio es que posteriormente, cuesta abajo en su rodada se volvió un abonado al fracaso. Apenas una pieza de museo, a la cual resulta absurdo encomendar el futuro del fútbol colombiano.

Descalabros sucesivos en España, Ecuador, Perú, Costa Rica, Argentina, Trinidad Tobago, y la propia Colombia a la que dejó, por si solo, afuera de los mundiales de 2002 y 2006, han desdibujado su prestigio.

Ni siquiera su bien construida figura de persona ejemplar ha pasado indemne a través de los años. Barcos dejados intempestivamente a la deriva, maltratos y vetos a periodistas que se han atrevido a cuestionarlo, y hasta presuntas componendas para desbancar colegas, han diezmado la imagen de un técnico que ha dejado cada vez más en evidencia que sus mejores días son cosa del pasado.

Como si fuera poco, tampoco hay que olvidar que aún en sus tiempos de gloria fue inferior al reto de mantener al margen de lo profesional su irrefrenable amor por sus amigos y su tierra adoptiva, lo que puede hablar bien de él como ser humano, pero siempre resultó nefasto para el fútbol colombiano.

Por eso, la perspectiva de la llegada de Maturana a la selección, no puede hacer otra cosa que crispar los pelos de cualquiera que aspire a verla en el Mundial 2014. Incluso los de quien se conforme con empezar a salir del ostracismo de los últimos años, pese al cual Luis Bedoya, con ínfulas de mesías -como tantos otros- cree necesitar apenas otro periodo a cargo.

Públicado originalmente en www.semana.com el día 5 de febrero de 2010

lunes, 8 de febrero de 2010

VISA USA (PARTE 1)

"Llegado el nuevo año, y ya con el peso de la Cruz de Boyacá en el pecho de los jugadores, se dio la primera convocatoria para juegos de preparación con los que comenzaría el camino hacia USA´94. El que hubiera podido ser un proceso de preparación serio y planificado se convirtió en un verdadero circo cuya primera función se dio en el mes de enero contra Venezuela en el estadio de Barinas. La oportunidad estaba ahí, Colombia era una verdadera gallina de los huevos de oro que todo lo vendía, y no se podía dejar escapar la oportunidad, había que exprimir todo lo que esta pudiera ofrecer.Los intereses comerciales prevalecieron sobre la planificación de los técnicos y más que un proceso de preparación, comenzó una maratón que cuyo arranque lo marcó la victoria 2-1 ante la vinotinto con goles de Tréllez y Valenciano.

Pese a que el partido fue demasiado flojo, la ausencia de las grandes figuras sirvió como excusa para un país que quería comerse el cuento de que éramos favoritos, una prensa que buscaba mantener esa ilusión y unos patrocinadores felices de facturar cuanto podían."


Escrito por Andrés Garavito para el libro "Bestiario del Balón".

viernes, 8 de enero de 2010

Los mismos con las mismas.

El diccionario de la Real Academia Española define la endogamia como la costumbre de contraer matrimonio entre personas de ascendencia común o naturales de una pequeña localidad o comarca, la actitud de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución, o el cruce entre individuos de una raza, comunidad o población aislada genéticamente.

García Márquez, por ejemplo, trató al tema y terminó su obra cumbre con el nacimiento del último Aureliano, quien de sus padres heredó una cola de cerdo.

Tampoco la han olvidado algunos científicos que le atribuyen la culpa de deformidades y desordenes mentales por doquier. Y en honor a la verdad, al ver a las infantas españolas u oír de las andanzas del príncipe Carlos, no queda otra que darles la razón.
No obstante, y pese a la existencia de las casas reales europeas, del Monstruo de Viena, de un par de familias en la costa Caribe y de uno que otro colegio bogotano, en el mundo civilizado la endogamia parecía cosa del pasado.

Sin embargo, parece más presente que nunca por estos días en que los equipos colombianos empiezan a anunciar sus fichajes de cara a la Liga Postobón 2010. Cuando los hinchas y periodistas, ilusos, esperan la llegada de algún refuerzo interesante del exterior, los directivos del fútbol colombiano, siempre escasos de visión, están dedicados a revivir muertos o a rotarse entre sí los escasos frutos que da la tierra.

Varios botones: Diego Gómez quien sin haber sido propiamente Lev Yashin vuelve del retiro después de dos años. Paulo Cesar Arango al Junior, Germán Caicedo al Cúcuta, los Centurión del Pasto a cualquier parte. Hidalgo otra vez a Santa Fe. Mayer Candelo por enésima vez de vuelta al Cali después de darse roce en el fútbol peruano (El mismo donde Jhonier Montaño es ídolo).

En cuanto a técnicos ni hablar, los mismos con las mismas. Ejemplos varios: El ‘Chiqui’ García se aferra con sus colmillos a Millonarios, y pretende hacerlo campeón aplicando los mismos conocimientos futbolísticos de 1987, año en que se dio cuenta de que los negocios eran más lucrativos que la dirección técnica. Diego Umaña que hará del Junior de Barranquilla su quinto o sexto equipo, sin mostrar mayores novedades respecto de lo que se veía de sus equipos en 1992. Todo porque en medio de tanta pobreza ha logrado éxitos relativamente recientes. Y la lista podría seguir.

Nada de innovación, nada que de un aire fresco a un fútbol colombiano que sin alguien que aporte cosas nuevas se degenera cada día más. Y ojo que después de la degeneración viene la desaparición. O al menos, dicen los científicos, eso pasó con los Habsburgo.

Vale recordar que la época dorada que el fútbol colombiano vivió en los años noventa no fue solo fruto de la generación espontánea. Fue también el resultado del roce que brindaban los buenos jugadores y técnicos que provenientes del exterior venían en aquellas épocas prodigas a ganarse sus dólares, pero que a la vez, seguramente sin intención, sirvieron de espejo y modelo a los Valderrama, los Asprilla y los Rincón. Los mismos que años después darían un lugar respetable a Colombia en el plano suramericano, aunque algunos por ahí se engañen creyendo que mundial.

Condiciones distintas a las de entonces, si. Falta de dinero, también. Pero sobre todo una increíble falta de visión. Un ejemplo: Aldo Bobadilla, el arquero del Medellín. Jugador quizás costoso, pero que con trabajo y categoría se consolidó como un referente en el arco, y pieza clave en el recién obtenido título del equipo rojo de la montaña.

La calidad después de todo era evidente: el buen negociante recuperó su inversión, el público tiene a quien admirar, y los jóvenes a quien imitar. De lo contrario no les quedaría más opción que imitar a Agustín Julio. Excelente actor. Regular arquero.

Pero como las golondrinas, Bobadilla tampoco hace verano. Contra toda lógica, y con una tara endogámica de la que todos pierden, los equipos se empeñan ciegamente en trocar a un jugador o técnico por otro ad eternum y traer de vuelta a los que ya estuvieron. A lo sumo en anunciar como gran novedad a algún arquero fracasado en Uruguay, con reputación de sindicalista – en el mal sentido- , y con supuestas ofertas del Olimpia de Paraguay, pero que en realidad provenían del Olimpia de Honduras. Poco que mostrar. Nada que aportar

Así las cosas, la ausencia de referentes pasa factura. No en vano el hincha colombiano de hoy se maravilla al ver a Giovanni Hernández haciendo gambetas increíbles en los estadios de Cartagena, Ibagué o Armenia, para luego verlo tropezar con su cola de cerdo, cuando en realidad se están peleando cosas serias.

Y lo que falta por ver: a nadie debe extrañar que mañana el América anuncie el reencauche de Alex Escobar, quien se siente “en mejor forma que nunca”, o la vuelta de Mazurkiewicz, quien mas allá los 60 “tiene aún unos reflejos felinos”.


Públicado originalmente el 6 de enero de 2010 en www.semana.com

Sudafrica para Suramérica

Dice la canción que cuando Dios hizo el edén pensó en América y cuando las balotas del sorteo mundialista dictaminaron la suerte de sus equipos, la fortuna parece haberse puesto del lado americano, un continente que requiere con urgencia que uno de sus representantes obtenga la copa del mundo. Todo para mantener la ligera supremacía que sobre el fútbol europeo le ha caracterizado desde que se disputa el certamen.

Analizando la suerte de Brasil y Argentina, verdaderos candidatos para alcanzar el título, el que en apariencia la tiene más difícil, al menos en la primera fase, es el scratch. Portugal y Costa de Marfil, si bien parecen estar un escalón por debajo de los brasileños en su nivel, pondrán a sudar más que de costumbre a sus jugadores.

Los difíciles lusitanos de Cristiano Ronaldo, y el equipo más fuerte de África, al menos en el papel, podrían poner en aprietos a Brasil que a diferencia de mundiales anteriores, deberá dejarlo todo en la cancha para pasar la primera ronda. El comodín del grupo es la selección norcoreana, desconocida, y al parecer el rival más débil.

El caso es que el sorteo deja a Dunga con mucho que pensar. Detener o no al ya mencionado sex symbol, y a la mucho más aplomada estrella marfileña del Chelsea: Didier Drogba, puede marcar la diferencia entre volver a casa aclamado como héroe o catalogado como “burro”.

Por su parte Argentina, que en los mundiales anteriores se había acostumbrado a bailar con la más fea, deberá en esta ocasión enfrentar un grupo prácticamente calcado de aquel que enfrentó en Estados Unidos 94.

Nigeria, Grecia, y en esta ocasión Corea del Sur a cambio de Bulgaria, le revolverán seguramente los más amargos recuerdos al técnico argentino, Diego Maradona, quien en el mundial norteamericano fue sacado prácticamente como un criminal, en circunstancias que aún hoy generan controversia.

Como esa vez, Argentina no debería tener problemas para clasificar. En últimas sus rivales no son los de 2002 o 2006, sino Nigeria, que casi siempre se derrumba en la hora clave, la devaluada Grecia que ganó una Eurocopa en el año de los milagros (el mismo en que el Once Caldas ganó su Libertadores), y Corea del Sur que sin un árbitro como Byron Moreno que la arrastre a semifinales, será la cenicienta de siempre.

Entre los restantes equipos suramericanos, el más afortunado fue sin duda Paraguay. Pese a tener la desagradable tarea de enfrentar a Italia, el campeón mundial, los guaraníes completan su serie ante los poco prometedores equipos de Nueva Zelanda y Eslovaquia.

Y en honor a la verdad, ni los pastores de ovejas, ni los antiguos checoslovacos (no checueslovacos, señor narrador y comentarista) tienen sobre el papel equipo suficiente para igualar siquiera a los del “Tata” Martino.

Chile, por su parte cayó en el grupo F, más complicado pero no imposible, ante los españoles, que a 7 meses del comienzo del mundial ya se sienten campeones, y las selecciones de Suiza y Honduras. Grupo parejo en el que a nadie sorprendería si los australes -que un día le ganan a Italia, y al siguiente pierden con Nicaragua- clasifican o quedan por fuera. Mucho menos aterraría que fiel a su historia, y bajo el azote de su lengua, como en el 98, España hiciera el ridículo, mientras la celebración es de “sudacas” y “negros”.

Finalmente, quien sin dudas la tiene más complicada: Uruguay. Si todos sus partidos los fuera a pitar el árbitro de su encuentro eliminatorio en Quito, serían firmes candidatos al título. Al no ser así, es prácticamente seguro que estén de vuelta en Carrasco apenas termine la primera ronda.

Sudáfrica, que como local que se respete será llevado a segunda ronda cueste lo que cueste, Francia, con su versión postmoderna de la “mano de dios”, y el siempre complicado México, se la pondrán casi que imposible a la celeste que, pese a no estar futbolísticamente muy lejos de sus rivales, deberá apelar esta vez mas que a su garra charrúa a un verdadero milagro.

Así las cosas, la mayoría de equipos suramericanos tiene un camino despejado, al menos de entrada, para hacer un buen papel en el mundial, y por qué no, dar pie para soñar con que uno de ellos traiga a este continente su décima copa del mundo.

Colombia, bien gracias. Con su afición viendo el mundial por TV, y sus directivos tomando whisky frente al mar de Cartagena, mientras deciden si es mejor desempolvar del museo a Maturana o le dan una nueva oportunidad a Lara ¿Por qué no?.


Publicado originalmente en www.semana.com el 18 de diciembre de 2009

Blanco y Negro. Rojo y Azul.

Realidades opuestas atraviesan por estos días Santa Fe y Millonarios, los tradicionales equipos bogotanos. Por los lados rojos, los hinchas no caben de la dicha. Y tienen razones respetables. El equipo acaba de ganar la Copa Postobon, título con el que terminó una sequía que se inició 34 años atrás, cuando la escuadra de Sarnari, Pandolfi y Cañón, dibujó la sexta estrella sobre el escudo cardenal.

Después, solo años magros, que matizados con alegrías menores como el título de la Copa Colombia de 1989, y subtítulos en las desaparecidas –no propiamente por su alto nivel- Copas Conmebol y Merconorte, borraron la sonrisa de la cara del hincha santafereño.

Por eso los rojos tienen todo el derecho a estar felices y celebrarlo, eso si, sin perder las proporciones. Aunque triunfo es triunfo, la copa ganada es un torneo menor, lejano aún del nivel de la Copa Mustang, y que tras la disputa de dos ediciones, no se consolida en el corazón de la gente.

No puede omitirse el hecho de que el campeón reinante era La Equidad, equipo con menos de cinco años en el fútbol profesional. Tampoco puede pasarse por alto el hecho de que el propio Santa Fe apenas se tomó el torneo en serio cuando se encontró con la final.

Por eso es hora de guardar las cornetas y el carro de los bomberos, y esperar que el equipo confirme su buen momento con un título en el campeonato colombiano. Después de todo, ganar la Copa Postobon sin rubricarlo en la Mustang, termina siendo lo mismo que ganarse el premio al mejor traje típico en Miss Universo.

Sin embargo la hinchada roja puede estar tranquila, argumentos no le faltan, un invicto de trece fechas en Bogotá, y un rendimiento ascendente dan cabida al optimismo.

Optimismo, en cambio, es la última palabra en el diccionario del hincha de Millonarios por estos días. La eliminación de los cuadrangulares semifinales, del otrora mejor equipo del mundo, ha caído como un mazazo en la cabeza de todos.

No hay excusas. Ni siquiera en la vulgaridad arbitral del partido Nacional vs. Pereira –que de carambola perjudicó a los embajadores- han encontrado consuelo los hinchas. Al contrario, para estos es cada vez mas claro que, más allá de un mal resultado, la institución padece una enfermedad terminal.

Por ejemplo, resulta inconcebible que pese a los continuos fracasos, el presidente Juan Carlos López, siga tan campante. Contraría el más elemental sentido común el que después de cinco eliminaciones consecutivas de las finales -hecho que denota una incompetencia rampante- la cabeza de la institución permanezca aferrado a su silla. Todo con un nivel de descaro que le da incluso para citar al Rey León en entrevistas, dadas a sus periodistas amigos, a efectos de justificar lo injustificable.

Al fin y al cabo es el inefable López, el mismo que no se ha sonrojado en disfrutar de la noche bogotana en compañía del “Gato” Pérez, cuando este era aún jugador activo de la institución, ni ha tenido conflictos morales para reforzar el equipo con jugadores desahuciados para el fútbol del estilo del “Tigre” Castillo. También, es el mismo que ha visto huir despavoridas a un par de contrataciones extranjeras, que, recién desempacadas del avión, y apenas con conocerle, han adivinado a lo que se atienen.

Para colmo, y como no hay Beto sin Enrique, ni Batman sin Robin, parece que la hinchada azul también tendrá que seguir padeciendo a Luis García, técnico, accionista, y buen amigo del presidente, quien pese al fracaso se aferra aún por una fina cuerda a la dirección técnica del equipo. Y seguro lo logrará. Bien conocidas son sus habilidades en el arte de los malabares, que alguna vez le permitieron, por ejemplo, trabajar en el América de los Rodríguez Orejuela, después de haberlo hecho en el Millonarios de los Rodríguez Gacha.

Con este oscuro panorama, el equipo arrancará el próximo año a solo unos cuantos puntos del descenso. El mismo que, debe decirse sin temor, es la única tabla de salvación que al parecer, le queda al equipo azul. En últimas, los buitres suelen alimentarse con la carroña, pero vuelan raudos cuando solo quedan los huesos.

Públicado originalmente en www.semana.com el 30 de noviembre de 2009.