jueves, 22 de abril de 2010

Fedefútbol: Crónica de una Muerte Anunciada.

Lo que hace tiempo se veía venir, por fin está consumado. En contra de sus propias palabras, del sentido común y de la conveniencia del fútbol de este país, se eligió el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol y Luis Bedoya -principal responsable de la eliminación del mundial de Suráfrica, y quien muy democráticamente designó a medio comité- fue reelegido como presidente del mismo hasta el año 2014.
Así las cosas, y después del circo, será Luis Herberto quien ponga la cara (bueno, es un decir), al frente de retos importantes para el fútbol colombiano: el mundial juvenil de 2011 y las eliminatorias para el mundial de Brasil.

El mundial juvenil al parecer, marcha sobre ruedas. Hace un par de semanas Jack Warner, oscuro dirigente de la FIFA –y no propiamente por su color de piel- se pavoneó por todo el país, como si se tratara de El embajador de la India. Tomó whisky, comió rico, vio mujeres y en sus ratos libres, dio el visto bueno a las subsedes propuestas.

Tal vez queriendo estar a la altura de la lambonería que le profesaron el propio Bedoya, Samuel Moreno y Pacho Santos, Warner se despidió instando al país a postularse para el mundial de mayores de 2026, en cuya organización debe estar ya trabajando fuertemente –y con toda solemnidad- el gobierno Uribe. La declaración fue celebrada con bombos y platillos por los áulicos de siempre, quienes sin embargo pasaron por alto lo único relevante que dejó la visita del trinitario: sólo 7 sedes aprobará la FIFA para el certamen de 2011.

Con esto, sin quererlo, Warner dio el primer golpe a la flamante y omnipoderosa dirigencia de la Federación que en cuanto Colombia recibió la sede, y pasando por alto ciudades con más merecimientos recientes e infraestructura como Cúcuta, impuso sin más consideraciones que las netamente personales, y como si no fuese suficiente con una o dos, a las tres capitales del eje cafetero como subsedes.

Ahora, con sus palabras, seguramente se deberá prescindir de una de ellas. Una desgracia para su afición, que siempre ha estado a la altura del reto, pero sobre todo para Bedoya y Álvaro González, quienes para ver el mundial tendrán que ir más allá de Cajamarca donde monstruos ignotos y criaturas fantásticas los esperan.

Sin embargo, para su consuelo, el aterrador viaje puede ser aprovechado para cumplir aquel anhelo que tanto les quita el sueño: la firma del contrato con Francisco Maturana como manager de las selecciones Colombia. Sueño para unos, pesadilla para otros, y entronización del fracaso, para los más benévolos. La rúbrica será apenas la confirmación de una decisión ya tomada por Bedoya y su camarilla, quienes sin haber sido oficialmente reelegidos, y confiadísimos en sus arreglos y componendas, ya tenían comprometido ese puesto.

Pacho, genio y figura, como siempre empeñado en demostrar que eso de que la gente evoluciona y el hombre aprende de sus errores no es más que un cuento chino, seguramente propondrá a su amigazo Hernán como seleccionador nacional.
Gómez, quien recientemente ha fracasado en clubes como Santa Fe y también en selecciones como Guatemala, y que se jacta de no requerir actualización, por lo que jamás ha asistido a una, será oficialmente el técnico de Colombia.

Las consecuencias sin duda serán nefastas. Mas allá de seguir viendo mundiales por televisión y de pegar monas en el álbum con los jugadores de Paraguay, Uruguay y hasta Chile, Colombia habrá perdido 4 años para iniciar un proceso que traiga cambios a su fútbol. El mismo que sólo podría ser encabezado por un técnico extranjero o al menos por uno colombiano cuyos logros no tengan que ser vistos en VHS, y que vuelva a dar al país un nombre medianamente respetable a nivel internacional.

Con Gómez, el fútbol colombiano retrocede a 1998. Entonces, no por falta de material humano, sino por una conducción que la apocó desde el primer día –como a Ecuador 4 años después-, la selección se despidió del mundial de Francia en medio del oprobio, después de mostrarse ante Inglaterra como un equipo que pese a tener dos mundiales a cuestas, solo iba a aprender: impotente, asustadizo, humilde en el peor de los sentidos, y al que sin Mondragón, le habrían hecho una docena.
Sin duda, en este país, donde el tipo de Agro Ingreso Seguro saca más de un millón de votos y algo con la calaña del PIN llega al Congreso, es posible incluso que la reelección de Bedoya y la inminente llegada de Maturana y Gómez sean recibidas con entusiasmo por algunos.

Los demás nos despedimos desde ya del mundial de 2014, año en el cual, indudablemente, Bedoya, honrando su palabra como ahora y con la cara dura que lo caracteriza, se hará reelegir nuevamente. Tal vez buscando un cambio generacional designará como técnico de la selección a cualquier “Barrabas” Gómez, con la promesa de que con éste –obviamente con Maturana y Bolillo como asesores- retornará el cacareado ciclo “triunfador” que clasificará a Colombia para el 2018.

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