Mucho se habló, mucho se especuló. Corrieron mares de tinta y se mencionaron nombres de todas las pelambres. Sin embargo, y como todo indicaba, el comité ejecutivo de la Federación de Fútbol anunció oficialmente que tiene a Bolillo Gómez como candidato único a director técnico de la selección Colombia.
La noticia es la demostración de que acá puede pasar cualquier cosa. Al fin y al cabo a nadie podrá extrañar que el día de mañana Andrés Pastrana se haga reelegir como presidente o que Monseñor Darío Castrillón sea designado director del ICBF.
En un país en el que nadie responde por nada, y donde no vale la pena esforzarse pues tanto se premia lo mediocre como lo bueno, pues lo importante es la pasión, el fútbol no podía ser la excepción. Luis Bedoya, presidnete de la Federación Colombiana de Fútbol, –seguramente riéndose con Maturana de ver como todo el mundo botaba corriente- impuso, contra toda conveniencia, la idea que tenía desde el primer momento en su cabeza.
No obstante para bien o para mal, se pone fin al limbo en el que había caído el destino de la selección desde el frustrante final de las eliminatorias para Sudáfrica, y el fin del ciclo de Eduardo Lara al frente del equipo.
Así las cosas, y más allá de los reparos, de la posibilidad inminente de un retroceso (si, aun es posible retroceder más), y de que el manejo dado a la situación deje mucho que desear, hay que mirar para adelante y tratar de sacar en limpio lo positivo del nombramiento de Gómez, y darle la bienvenida al frente de la selección.
Aparte del generoso desagravio que con la designación se hace a los hermanos ecuatorianos, se abona a Bolillo su honestidad. Nunca pretendió ocultar las componendas que venía haciendo para obtener el puesto. Quizás por eso nunca llegue a ser director del Sena ni mucho menos ministro de Defensa, pero al menos, queda claro que se moría por dirigir la selección, y dado que al parecer se tiene mucha fe, el único resultado admisible de su parte es la clasificación al mundial. Eso sí, ojalá en el 2014 y no en el 21014.
Esto, porque mas allá de las dudas, cualquiera esperaría que los años y los golpes – que por cierto no han sido pocos- algo le hayan enseñado a Hernán y sean del pasado aquellas máculas que siempre se le criticaron, aún en sus tiempos de gloria: su regionalismo malsano, sus amiguismos y su permisividad con ciertos personajes que en algún momento terminaron saliéndose de las manos.
Por eso mismo, es de esperarse que a ese Bolillo al que hoy se da la bienvenida, y pide de entrada que el país se una en torno suyo, no lo termine dividiendo con decisiones absurdas como aquellas a que se acostumbró en sus épocas de juventud.
Contará, además, con todo el respaldo de unos directivos que claramente saben lo que hacen y a los que evidentemente no les gusta improvisar. Por eso ya se habla de un partido amistoso contra Sudáfrica en Johanesburgo el 27 de mayo, menos de 24 horas después de la final de la Liga Postobón, en la que se supone jugarán varios de los mejores jugadores del país. Sin lugar a dudas un encuentro muy oportuno para que Bolillo calibre de entrada con lo que cuenta para los cuatro años en que seguramente, y pase lo que pase, estará al frente de la selección.
Capítulo aparte merece la acertada designación de Leonel Álvarez como asistente. Aunque debe decirse, en honor a la verdad, que no hay en ello merito alguno de la dirigencia de la Federación. Salta a la vista que la intención no es acercar a la selección a un técnico joven y con futuro. Es evidente que usando su buena imagen lo que se pretende es neutralizar la imagen negativa que Bolillo genera en un gran sector, y dar la impresión de que se piensa en lo único que claramente nunca ha pasado por las cabezas de los actuales directivos: El Futuro.
Leonel, quien podría ser una opción interesante en unos años –pues como lo ha demostrado con el DIM en la Libertadores, aún le falta- debe aprovechar la oportunidad para enriquecerse y sacarle el mayor jugo a la experiencia. Claramente Bolillo no es Scolari ni Luxemburgo, pero también puede enseñarle cosas a la gente.
Después de todo en Ecuador aún muchos recuerdan que uno de sus grandes méritos fue haber enseñado a los jugadores de la selección a orinar sentados para no mojar el bizcocho. Para Iván Ramiro Córdoba, por otro lado, siempre será una experiencia de vida su banqueada en el mundial del 98. Aprendió quizás, gracias a Bolillo, que en el mundo real, y sobre todo en éste fútbol -como en éste país- hay muchas cosas por encima de los merecimientos y del talento.
Publicado originalmente en www.semana.com el 22 de abril de 2010.
miércoles, 28 de abril de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
Fedefútbol: Crónica de una Muerte Anunciada.
Lo que hace tiempo se veía venir, por fin está consumado. En contra de sus propias palabras, del sentido común y de la conveniencia del fútbol de este país, se eligió el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol y Luis Bedoya -principal responsable de la eliminación del mundial de Suráfrica, y quien muy democráticamente designó a medio comité- fue reelegido como presidente del mismo hasta el año 2014.
Así las cosas, y después del circo, será Luis Herberto quien ponga la cara (bueno, es un decir), al frente de retos importantes para el fútbol colombiano: el mundial juvenil de 2011 y las eliminatorias para el mundial de Brasil.
El mundial juvenil al parecer, marcha sobre ruedas. Hace un par de semanas Jack Warner, oscuro dirigente de la FIFA –y no propiamente por su color de piel- se pavoneó por todo el país, como si se tratara de El embajador de la India. Tomó whisky, comió rico, vio mujeres y en sus ratos libres, dio el visto bueno a las subsedes propuestas.
Tal vez queriendo estar a la altura de la lambonería que le profesaron el propio Bedoya, Samuel Moreno y Pacho Santos, Warner se despidió instando al país a postularse para el mundial de mayores de 2026, en cuya organización debe estar ya trabajando fuertemente –y con toda solemnidad- el gobierno Uribe. La declaración fue celebrada con bombos y platillos por los áulicos de siempre, quienes sin embargo pasaron por alto lo único relevante que dejó la visita del trinitario: sólo 7 sedes aprobará la FIFA para el certamen de 2011.
Con esto, sin quererlo, Warner dio el primer golpe a la flamante y omnipoderosa dirigencia de la Federación que en cuanto Colombia recibió la sede, y pasando por alto ciudades con más merecimientos recientes e infraestructura como Cúcuta, impuso sin más consideraciones que las netamente personales, y como si no fuese suficiente con una o dos, a las tres capitales del eje cafetero como subsedes.
Ahora, con sus palabras, seguramente se deberá prescindir de una de ellas. Una desgracia para su afición, que siempre ha estado a la altura del reto, pero sobre todo para Bedoya y Álvaro González, quienes para ver el mundial tendrán que ir más allá de Cajamarca donde monstruos ignotos y criaturas fantásticas los esperan.
Sin embargo, para su consuelo, el aterrador viaje puede ser aprovechado para cumplir aquel anhelo que tanto les quita el sueño: la firma del contrato con Francisco Maturana como manager de las selecciones Colombia. Sueño para unos, pesadilla para otros, y entronización del fracaso, para los más benévolos. La rúbrica será apenas la confirmación de una decisión ya tomada por Bedoya y su camarilla, quienes sin haber sido oficialmente reelegidos, y confiadísimos en sus arreglos y componendas, ya tenían comprometido ese puesto.
Pacho, genio y figura, como siempre empeñado en demostrar que eso de que la gente evoluciona y el hombre aprende de sus errores no es más que un cuento chino, seguramente propondrá a su amigazo Hernán como seleccionador nacional.
Gómez, quien recientemente ha fracasado en clubes como Santa Fe y también en selecciones como Guatemala, y que se jacta de no requerir actualización, por lo que jamás ha asistido a una, será oficialmente el técnico de Colombia.
Las consecuencias sin duda serán nefastas. Mas allá de seguir viendo mundiales por televisión y de pegar monas en el álbum con los jugadores de Paraguay, Uruguay y hasta Chile, Colombia habrá perdido 4 años para iniciar un proceso que traiga cambios a su fútbol. El mismo que sólo podría ser encabezado por un técnico extranjero o al menos por uno colombiano cuyos logros no tengan que ser vistos en VHS, y que vuelva a dar al país un nombre medianamente respetable a nivel internacional.
Con Gómez, el fútbol colombiano retrocede a 1998. Entonces, no por falta de material humano, sino por una conducción que la apocó desde el primer día –como a Ecuador 4 años después-, la selección se despidió del mundial de Francia en medio del oprobio, después de mostrarse ante Inglaterra como un equipo que pese a tener dos mundiales a cuestas, solo iba a aprender: impotente, asustadizo, humilde en el peor de los sentidos, y al que sin Mondragón, le habrían hecho una docena.
Sin duda, en este país, donde el tipo de Agro Ingreso Seguro saca más de un millón de votos y algo con la calaña del PIN llega al Congreso, es posible incluso que la reelección de Bedoya y la inminente llegada de Maturana y Gómez sean recibidas con entusiasmo por algunos.
Los demás nos despedimos desde ya del mundial de 2014, año en el cual, indudablemente, Bedoya, honrando su palabra como ahora y con la cara dura que lo caracteriza, se hará reelegir nuevamente. Tal vez buscando un cambio generacional designará como técnico de la selección a cualquier “Barrabas” Gómez, con la promesa de que con éste –obviamente con Maturana y Bolillo como asesores- retornará el cacareado ciclo “triunfador” que clasificará a Colombia para el 2018.
Así las cosas, y después del circo, será Luis Herberto quien ponga la cara (bueno, es un decir), al frente de retos importantes para el fútbol colombiano: el mundial juvenil de 2011 y las eliminatorias para el mundial de Brasil.
El mundial juvenil al parecer, marcha sobre ruedas. Hace un par de semanas Jack Warner, oscuro dirigente de la FIFA –y no propiamente por su color de piel- se pavoneó por todo el país, como si se tratara de El embajador de la India. Tomó whisky, comió rico, vio mujeres y en sus ratos libres, dio el visto bueno a las subsedes propuestas.
Tal vez queriendo estar a la altura de la lambonería que le profesaron el propio Bedoya, Samuel Moreno y Pacho Santos, Warner se despidió instando al país a postularse para el mundial de mayores de 2026, en cuya organización debe estar ya trabajando fuertemente –y con toda solemnidad- el gobierno Uribe. La declaración fue celebrada con bombos y platillos por los áulicos de siempre, quienes sin embargo pasaron por alto lo único relevante que dejó la visita del trinitario: sólo 7 sedes aprobará la FIFA para el certamen de 2011.
Con esto, sin quererlo, Warner dio el primer golpe a la flamante y omnipoderosa dirigencia de la Federación que en cuanto Colombia recibió la sede, y pasando por alto ciudades con más merecimientos recientes e infraestructura como Cúcuta, impuso sin más consideraciones que las netamente personales, y como si no fuese suficiente con una o dos, a las tres capitales del eje cafetero como subsedes.
Ahora, con sus palabras, seguramente se deberá prescindir de una de ellas. Una desgracia para su afición, que siempre ha estado a la altura del reto, pero sobre todo para Bedoya y Álvaro González, quienes para ver el mundial tendrán que ir más allá de Cajamarca donde monstruos ignotos y criaturas fantásticas los esperan.
Sin embargo, para su consuelo, el aterrador viaje puede ser aprovechado para cumplir aquel anhelo que tanto les quita el sueño: la firma del contrato con Francisco Maturana como manager de las selecciones Colombia. Sueño para unos, pesadilla para otros, y entronización del fracaso, para los más benévolos. La rúbrica será apenas la confirmación de una decisión ya tomada por Bedoya y su camarilla, quienes sin haber sido oficialmente reelegidos, y confiadísimos en sus arreglos y componendas, ya tenían comprometido ese puesto.
Pacho, genio y figura, como siempre empeñado en demostrar que eso de que la gente evoluciona y el hombre aprende de sus errores no es más que un cuento chino, seguramente propondrá a su amigazo Hernán como seleccionador nacional.
Gómez, quien recientemente ha fracasado en clubes como Santa Fe y también en selecciones como Guatemala, y que se jacta de no requerir actualización, por lo que jamás ha asistido a una, será oficialmente el técnico de Colombia.
Las consecuencias sin duda serán nefastas. Mas allá de seguir viendo mundiales por televisión y de pegar monas en el álbum con los jugadores de Paraguay, Uruguay y hasta Chile, Colombia habrá perdido 4 años para iniciar un proceso que traiga cambios a su fútbol. El mismo que sólo podría ser encabezado por un técnico extranjero o al menos por uno colombiano cuyos logros no tengan que ser vistos en VHS, y que vuelva a dar al país un nombre medianamente respetable a nivel internacional.
Con Gómez, el fútbol colombiano retrocede a 1998. Entonces, no por falta de material humano, sino por una conducción que la apocó desde el primer día –como a Ecuador 4 años después-, la selección se despidió del mundial de Francia en medio del oprobio, después de mostrarse ante Inglaterra como un equipo que pese a tener dos mundiales a cuestas, solo iba a aprender: impotente, asustadizo, humilde en el peor de los sentidos, y al que sin Mondragón, le habrían hecho una docena.
Sin duda, en este país, donde el tipo de Agro Ingreso Seguro saca más de un millón de votos y algo con la calaña del PIN llega al Congreso, es posible incluso que la reelección de Bedoya y la inminente llegada de Maturana y Gómez sean recibidas con entusiasmo por algunos.
Los demás nos despedimos desde ya del mundial de 2014, año en el cual, indudablemente, Bedoya, honrando su palabra como ahora y con la cara dura que lo caracteriza, se hará reelegir nuevamente. Tal vez buscando un cambio generacional designará como técnico de la selección a cualquier “Barrabas” Gómez, con la promesa de que con éste –obviamente con Maturana y Bolillo como asesores- retornará el cacareado ciclo “triunfador” que clasificará a Colombia para el 2018.
La mala suerte de un buen jugador.
Está claro que este país es un manicomio y está plagado de orates de todas las pelambres. Andrés Felipe Arias cree tener talla presidencial. La revista Cambio es silenciada por sus propios dueños. Diego Umaña pretende expiar en cabeza de su arquero la culpa de su propia incompetencia y el “Chiqui” García considera que Millonarios anda bien.
Por eso, en un medio en el que al parecer la locura y la ridiculez son contagiosas, Ramón Cabrero, el argentino que dirige al Atlético Nacional anunció, como la cosa más normal del mundo, que no volverá a contar en su equipo con Edwin Cardona, el joven mediocampista de talento superlativo que es una de las principales promesas, no solo del equipo antioqueño, sino del fútbol nacional.
La razón no reside en una lesión, en el mal comportamiento personal del jugador, en su bajo rendimiento dentro de la cancha, o en el hecho de que en Nacional abunden jugadores con sus mismas características y condiciones. Lo que el técnico de origen gallego (vale decirlo) argumenta para dejar a Cardona a la vera del camino es la inminencia de continuos llamados que para la Selección Colombia Sub-20 tendrá durante el semestre que se avecina. En conclusión, y para no darle muchas vueltas, Cabrero castiga al jugador por bueno.
Cardona, al parecer, es un tipo de malas. El año pasado una inoportuna lesión a pocas semanas del Mundial Sub-17 de Nigeria lo dejó por fuera del campeonato. La selección finalmente participó, obtuvo un buen cuarto lugar, pero quedó el sinsabor de que con la presencia del jugador, su figura indiscutible, hubiera podido llegar más lejos.
Ahora el buen Edwin se estrella de frente con un técnico que al parecer no ve más allá de sus narices, o al que por lo menos no le interesa ver mas allá del mes de mayo, fecha en la que con un portazo en las narices de los directivos y la hinchada verde anunció su partida, independientemente de los resultados.
Y no solo es de malas Cardona, quien con la decisión se verá privado de foguearse en el fútbol profesional, lo que sin duda resulta clave en su crecimiento como futbolista. Con la medida, de paso, se reafirma uno de los problemas endémicos que se han evidenciado en el jugador colombiano joven, sobre todo ahora que gracias a las presiones y quejas de pequeños y grandes Cabreros, la Dimayor en una decisión llena de su habitual genialidad y clarividencia suprimió la norma por la cual se obligaba los equipos a alinear un jugador menor de 18 años.
También lo es la gente de uno de los equipos grandes de este país que depositó sus esperanzas en un técnico que, pese a que llegó al país con mucho bombo, apenas ha obtenido en el banco verde resultados que no difieren en mucho de los de cualquier Carlos Navarrete o José Fernando Santa.
Y es que nadie culpa a Cabrero de querer irse en mayo. Es incluso comprensible que ceda a las presiones de su mujer para regresar a Argentina, que se muera por volver con Lanús, el club de sus amores, o incluso que le genere algún resquemor el hecho de vivir en la ciudad en la que murió Gardel.
Lo verdaderamente triste es que no busque una salida amistosa en este momento. En lugar de enfocar todas sus energías en un cada vez más incierto resultado de corto plazo, aún a costa de empecinarse en atentar, con decisiones absurdas como esta, contra los intereses futuros de la institución.
Tampoco tiene suerte la Selección Colombia Sub-20, que a casi un año de tener la histórica oportunidad de disputar un mundial en casa, ve como uno de sus jugadores más talentosos (justo en una posición en la que el talento escasea) se priva de tener la experiencia profesional que resulta decisiva a ese nivel.
Así las cosas, lo único que queda hacer es apelar a la conciencia del técnico, para que reconsidere su decisión (por cierto, no es que Cardona le sobre a ese equipo) o al menos que dé un oportuno paso al costado antes de atentar de esa forma contra el futuro de un muchacho de 17 años, de dilapidar el patrimonio del equipo que le dio la oportunidad, y de sentar un duro golpe al fútbol de un país que lo recibió con las puertas abiertas.
Publicado originalmente el viernes 5 de marzo de 2010 en www.semana.com
Por eso, en un medio en el que al parecer la locura y la ridiculez son contagiosas, Ramón Cabrero, el argentino que dirige al Atlético Nacional anunció, como la cosa más normal del mundo, que no volverá a contar en su equipo con Edwin Cardona, el joven mediocampista de talento superlativo que es una de las principales promesas, no solo del equipo antioqueño, sino del fútbol nacional.
La razón no reside en una lesión, en el mal comportamiento personal del jugador, en su bajo rendimiento dentro de la cancha, o en el hecho de que en Nacional abunden jugadores con sus mismas características y condiciones. Lo que el técnico de origen gallego (vale decirlo) argumenta para dejar a Cardona a la vera del camino es la inminencia de continuos llamados que para la Selección Colombia Sub-20 tendrá durante el semestre que se avecina. En conclusión, y para no darle muchas vueltas, Cabrero castiga al jugador por bueno.
Cardona, al parecer, es un tipo de malas. El año pasado una inoportuna lesión a pocas semanas del Mundial Sub-17 de Nigeria lo dejó por fuera del campeonato. La selección finalmente participó, obtuvo un buen cuarto lugar, pero quedó el sinsabor de que con la presencia del jugador, su figura indiscutible, hubiera podido llegar más lejos.
Ahora el buen Edwin se estrella de frente con un técnico que al parecer no ve más allá de sus narices, o al que por lo menos no le interesa ver mas allá del mes de mayo, fecha en la que con un portazo en las narices de los directivos y la hinchada verde anunció su partida, independientemente de los resultados.
Y no solo es de malas Cardona, quien con la decisión se verá privado de foguearse en el fútbol profesional, lo que sin duda resulta clave en su crecimiento como futbolista. Con la medida, de paso, se reafirma uno de los problemas endémicos que se han evidenciado en el jugador colombiano joven, sobre todo ahora que gracias a las presiones y quejas de pequeños y grandes Cabreros, la Dimayor en una decisión llena de su habitual genialidad y clarividencia suprimió la norma por la cual se obligaba los equipos a alinear un jugador menor de 18 años.
También lo es la gente de uno de los equipos grandes de este país que depositó sus esperanzas en un técnico que, pese a que llegó al país con mucho bombo, apenas ha obtenido en el banco verde resultados que no difieren en mucho de los de cualquier Carlos Navarrete o José Fernando Santa.
Y es que nadie culpa a Cabrero de querer irse en mayo. Es incluso comprensible que ceda a las presiones de su mujer para regresar a Argentina, que se muera por volver con Lanús, el club de sus amores, o incluso que le genere algún resquemor el hecho de vivir en la ciudad en la que murió Gardel.
Lo verdaderamente triste es que no busque una salida amistosa en este momento. En lugar de enfocar todas sus energías en un cada vez más incierto resultado de corto plazo, aún a costa de empecinarse en atentar, con decisiones absurdas como esta, contra los intereses futuros de la institución.
Tampoco tiene suerte la Selección Colombia Sub-20, que a casi un año de tener la histórica oportunidad de disputar un mundial en casa, ve como uno de sus jugadores más talentosos (justo en una posición en la que el talento escasea) se priva de tener la experiencia profesional que resulta decisiva a ese nivel.
Así las cosas, lo único que queda hacer es apelar a la conciencia del técnico, para que reconsidere su decisión (por cierto, no es que Cardona le sobre a ese equipo) o al menos que dé un oportuno paso al costado antes de atentar de esa forma contra el futuro de un muchacho de 17 años, de dilapidar el patrimonio del equipo que le dio la oportunidad, y de sentar un duro golpe al fútbol de un país que lo recibió con las puertas abiertas.
Publicado originalmente el viernes 5 de marzo de 2010 en www.semana.com
Selección Colombia, un paso adelante, dos atras
En el colmo del descaro y a sabiendas de que en estas naciones bananeras cualquiera puede aspirar a la reelección, aún contra la palabra empeñada y así no se haya cumplido a cabalidad con los objetivos, Luis Bedoya anunció que buscará la suya como presidente del comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol.
En su declaración, y en un evidente intento por alivianar su cuota de responsabilidad en la crisis actual del fútbol colombiano manifestó que el pasado proceso de Selección Colombia, pese a la eliminación del mundial, no puede ser considerado del todo como un fracaso.
Pese al ridículo que todo el mundo vio durante casi tres años, el inefable Bedoya considera que perdió pero a la vez ganó un poco. Con tal elucubración, fruto de la más fina filosofía, no sorprende que todas las cartas estén ya jugadas en el seno de la organización que él preside para el nombramiento de Francisco Maturana como manager de la Selección Colombia rumbo al mundial 2014.
Así las cosas, no desde el banco, sino desde la burocrática posición de manager, el chocoano será quien maneje los hilos de la selección nacional, en todas sus categorías, al menos –nunca se sabe- por los próximos cuatro años. Esto, con un poder que le permitirá influir decisivamente en el nombramiento del seleccionador, la nominación de la sede, y hasta el establecimiento de pautas de trabajo para el cuerpo técnico.
Con tal responsabilidad en sus manos, cabe entonces plantear el interrogante de si es Maturana la persona idónea para enderezar el rumbo de un fútbol que hoy, y gracias a una pésima gestión, alcanza apenas un nivel que le permite medirse de tú a tú con Perú y Bolivia en el vagón trasero de los equipos suramericanos.
Tiene meritos, es innegable. Aunque también, y para ser completamente justos, algunos de ellos sobrevalorados. No debe desconocerse que fue el odontólogo quien condujo a Colombia a los mundiales de 1990 y 1994. Debe tenerse en cuenta, eso sí, que a sus órdenes no estaban Giovanni Hernández ni Hugo Rodallega, sino la mejor generación de futbolistas que este país tuvo, y tal vez tenga jamás, y que pese a eso volvió pronto a casa en ambas ocasiones.
También se le reconoce que dio a Colombia su primera Copa Libertadores, la cual, no obstante, ha sido puesta en tela de juicio por árbitros y jugadores de la época, que han dicho abiertamente, que tan decisivo como el rendimiento futbolístico de aquel Atlético Nacional -sobresaliente por cierto- fue lo que ocurrió fuera de las canchas.
El país debe también a Maturana su primera Copa América en 2001. Gran logro, pero que a nadie quita el sueño. No porque el trofeo lo hubiera entregado Andrés Pastrana. Ni siquiera por la ausencia de Argentina. Básicamente porque el poco interés que los demás equipos brindaron al torneo allanó el camino para el triunfo colombiano, que por momentos, pareció fruto de una precisa coreografía en la que la selección trapeaba el piso con equipos diezmados y desmotivados, que meses más tarde -en las eliminatorias al Mundial 2002- invirtieron tranquilamente la ecuación.
Tales logros no se le niegan a “Pacho”, a quien nadie le quita lo bailado. El lio es que posteriormente, cuesta abajo en su rodada se volvió un abonado al fracaso. Apenas una pieza de museo, a la cual resulta absurdo encomendar el futuro del fútbol colombiano.
Descalabros sucesivos en España, Ecuador, Perú, Costa Rica, Argentina, Trinidad Tobago, y la propia Colombia a la que dejó, por si solo, afuera de los mundiales de 2002 y 2006, han desdibujado su prestigio.
Ni siquiera su bien construida figura de persona ejemplar ha pasado indemne a través de los años. Barcos dejados intempestivamente a la deriva, maltratos y vetos a periodistas que se han atrevido a cuestionarlo, y hasta presuntas componendas para desbancar colegas, han diezmado la imagen de un técnico que ha dejado cada vez más en evidencia que sus mejores días son cosa del pasado.
Como si fuera poco, tampoco hay que olvidar que aún en sus tiempos de gloria fue inferior al reto de mantener al margen de lo profesional su irrefrenable amor por sus amigos y su tierra adoptiva, lo que puede hablar bien de él como ser humano, pero siempre resultó nefasto para el fútbol colombiano.
Por eso, la perspectiva de la llegada de Maturana a la selección, no puede hacer otra cosa que crispar los pelos de cualquiera que aspire a verla en el Mundial 2014. Incluso los de quien se conforme con empezar a salir del ostracismo de los últimos años, pese al cual Luis Bedoya, con ínfulas de mesías -como tantos otros- cree necesitar apenas otro periodo a cargo.
Públicado originalmente en www.semana.com el día 5 de febrero de 2010
En su declaración, y en un evidente intento por alivianar su cuota de responsabilidad en la crisis actual del fútbol colombiano manifestó que el pasado proceso de Selección Colombia, pese a la eliminación del mundial, no puede ser considerado del todo como un fracaso.
Pese al ridículo que todo el mundo vio durante casi tres años, el inefable Bedoya considera que perdió pero a la vez ganó un poco. Con tal elucubración, fruto de la más fina filosofía, no sorprende que todas las cartas estén ya jugadas en el seno de la organización que él preside para el nombramiento de Francisco Maturana como manager de la Selección Colombia rumbo al mundial 2014.
Así las cosas, no desde el banco, sino desde la burocrática posición de manager, el chocoano será quien maneje los hilos de la selección nacional, en todas sus categorías, al menos –nunca se sabe- por los próximos cuatro años. Esto, con un poder que le permitirá influir decisivamente en el nombramiento del seleccionador, la nominación de la sede, y hasta el establecimiento de pautas de trabajo para el cuerpo técnico.
Con tal responsabilidad en sus manos, cabe entonces plantear el interrogante de si es Maturana la persona idónea para enderezar el rumbo de un fútbol que hoy, y gracias a una pésima gestión, alcanza apenas un nivel que le permite medirse de tú a tú con Perú y Bolivia en el vagón trasero de los equipos suramericanos.
Tiene meritos, es innegable. Aunque también, y para ser completamente justos, algunos de ellos sobrevalorados. No debe desconocerse que fue el odontólogo quien condujo a Colombia a los mundiales de 1990 y 1994. Debe tenerse en cuenta, eso sí, que a sus órdenes no estaban Giovanni Hernández ni Hugo Rodallega, sino la mejor generación de futbolistas que este país tuvo, y tal vez tenga jamás, y que pese a eso volvió pronto a casa en ambas ocasiones.
También se le reconoce que dio a Colombia su primera Copa Libertadores, la cual, no obstante, ha sido puesta en tela de juicio por árbitros y jugadores de la época, que han dicho abiertamente, que tan decisivo como el rendimiento futbolístico de aquel Atlético Nacional -sobresaliente por cierto- fue lo que ocurrió fuera de las canchas.
El país debe también a Maturana su primera Copa América en 2001. Gran logro, pero que a nadie quita el sueño. No porque el trofeo lo hubiera entregado Andrés Pastrana. Ni siquiera por la ausencia de Argentina. Básicamente porque el poco interés que los demás equipos brindaron al torneo allanó el camino para el triunfo colombiano, que por momentos, pareció fruto de una precisa coreografía en la que la selección trapeaba el piso con equipos diezmados y desmotivados, que meses más tarde -en las eliminatorias al Mundial 2002- invirtieron tranquilamente la ecuación.
Tales logros no se le niegan a “Pacho”, a quien nadie le quita lo bailado. El lio es que posteriormente, cuesta abajo en su rodada se volvió un abonado al fracaso. Apenas una pieza de museo, a la cual resulta absurdo encomendar el futuro del fútbol colombiano.
Descalabros sucesivos en España, Ecuador, Perú, Costa Rica, Argentina, Trinidad Tobago, y la propia Colombia a la que dejó, por si solo, afuera de los mundiales de 2002 y 2006, han desdibujado su prestigio.
Ni siquiera su bien construida figura de persona ejemplar ha pasado indemne a través de los años. Barcos dejados intempestivamente a la deriva, maltratos y vetos a periodistas que se han atrevido a cuestionarlo, y hasta presuntas componendas para desbancar colegas, han diezmado la imagen de un técnico que ha dejado cada vez más en evidencia que sus mejores días son cosa del pasado.
Como si fuera poco, tampoco hay que olvidar que aún en sus tiempos de gloria fue inferior al reto de mantener al margen de lo profesional su irrefrenable amor por sus amigos y su tierra adoptiva, lo que puede hablar bien de él como ser humano, pero siempre resultó nefasto para el fútbol colombiano.
Por eso, la perspectiva de la llegada de Maturana a la selección, no puede hacer otra cosa que crispar los pelos de cualquiera que aspire a verla en el Mundial 2014. Incluso los de quien se conforme con empezar a salir del ostracismo de los últimos años, pese al cual Luis Bedoya, con ínfulas de mesías -como tantos otros- cree necesitar apenas otro periodo a cargo.
Públicado originalmente en www.semana.com el día 5 de febrero de 2010
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