Tomado del blog argentino "No te vayas estupida". Yo no hubiera podido escribirlo mejor.
"¿SABE POR QUÉ DEFIENDO A MARADONA? POR PERSONAS COMO UD."
En "La Venganza" de anoche mismo, Alejandro Dolina, ante el mensaje de una oyente, se expidió con vehemencia sobre el Maradonagate. Transcribo:
"Una oyente dice: 'Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer'.
Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado (y en la televisión ni hablemos), ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.
Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.
Y eso de "que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial"... ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quién tenemos que quedar bien? ¿Dónde esta la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!
Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como, no sé, el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir "pero mirá que bien pensó éste". Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.
Así que ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez.
Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre".
martes, 20 de octubre de 2009
viernes, 16 de octubre de 2009
Los culpables
Con la cabeza caliente por la eliminación del mundial de Sudáfrica, el país busca culpables de lo que pasó y hace conjeturas sobre lo que vendrá. Como no podía ser de otra forma, después de la vergonzosa presentación ante los chilenos en Medellín, las miradas se han posado en el técnico y los jugadores como responsables de la debacle.
Sin embargo, debe decirse que no tiene la culpa el técnico, quien, llamado a apagar un incendio, tuvo como único pecado el haber sido inferior al reto. Lara venía precedido de un buen trabajo en combinados juveniles pero demostró no estar preparado para asumir la selección de mayores. Para no ir más lejos, le faltó el talante para oponerse a las pataletas de los mal llamados líderes del equipo a quienes trajo de vuelta para terminar negociando con ellos el manejo del grupo y hasta la sede de los partidos.
Tampoco tienen la culpa los jugadores. Sería injusto responsabilizar, por poner un ejemplo, a Giovanni Hernández. A fin de cuentas no es su pecado que tantas esperanzas se hayan depositado sobre él, si se ha empeñado en dejar claro durante años, que es apenas un jugador del montón, asustadizo a la hora de los retos serios con la selección.
Menos son culpables otros jugadores como Falcao García, Jackson Martínez o Hugo Rodallega, los delanteros colombianos señalados de la falta de gol del equipo. Pero ellos pese a su esfuerzo, con Giovanni encargado de generarles los pases, debieron sentirse más solos que Gagarin en su cápsula espacial.
En este caso y contrario al refrán, no hay lugar a dudas de que el muerto si debe buscarse río arriba. En el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol es donde recae la responsabilidad por una derrota con sabor a vergüenza.
Vergüenza que se convierte en ira cuando la cabeza visible de dicho comité, Luis Bedoya, sale a declarar al término del partido con Chile que es apresurado tomar decisiones. Lo mínimo que se esperaba de alguien con algo de decencia es que hubiera anunciado ante los medios la renuncia irrevocable a su cargo.
Ante tal desfachatez se pregunta uno si Bedoya hablaba desde Medellín, y realmente había visto el partido, o si pasó la tarde del sábado en los columpios de alguna finca sabanera como hace los fines de semana, mientras todo el mundo ve fútbol, tal y como es sabido.
Sólo a unos tipos que no les interesa el fútbol se les ocurriría dejar de lado la oferta del Gobierno Nacional. Éste, ante la falta de pan quería colmar al país de circo. Según declaró Francisco Santos estaba dispuesto a cancelar la suma que, en su momento, exigía Marcelo Bielsa para asumir las riendas de la selección. Bielsa cambió la cara del fútbol chileno, mientras Colombia debió conformarse durante media eliminatoria con ver la cara de llanto de su técnico.
Sólo al interés mezquino de unos personajes a quienes el juego les tiene sin cuidado, se les ocurriría truncar un proceso exitoso como el que llevaba Eduardo Lara en juveniles. Todo para procurarse un seleccionador nacional, sin bagaje con mayores y de entrada manipulable. Seguramente ahora cortarán su cabeza e ilusionarán al país con uno extranjero que les sirva de cortina de humo. Solo mientras las mareas se calman y encuentran uno a su medida, que no exija, no ponga problemas y sobre todo, que acepte sin chistar sus imposiciones.
Por eso, lo único aceptable ahora para el fútbol colombiano es que los miembros del Comité Ejecutivo de la Federación, empezando por su presidente, den un paso al costado. Son los responsables únicos de un fracaso surgido -mas que en la cabeza del técnico o en las piernas de los jugadores- en su propia incompetencia, falta de visión y si, en la preponderancia de intereses personales que todo un país conoce.
Publicado originalmente el viernes 16 de octubre de 2009 en www.semana.com
Sin embargo, debe decirse que no tiene la culpa el técnico, quien, llamado a apagar un incendio, tuvo como único pecado el haber sido inferior al reto. Lara venía precedido de un buen trabajo en combinados juveniles pero demostró no estar preparado para asumir la selección de mayores. Para no ir más lejos, le faltó el talante para oponerse a las pataletas de los mal llamados líderes del equipo a quienes trajo de vuelta para terminar negociando con ellos el manejo del grupo y hasta la sede de los partidos.
Tampoco tienen la culpa los jugadores. Sería injusto responsabilizar, por poner un ejemplo, a Giovanni Hernández. A fin de cuentas no es su pecado que tantas esperanzas se hayan depositado sobre él, si se ha empeñado en dejar claro durante años, que es apenas un jugador del montón, asustadizo a la hora de los retos serios con la selección.
Menos son culpables otros jugadores como Falcao García, Jackson Martínez o Hugo Rodallega, los delanteros colombianos señalados de la falta de gol del equipo. Pero ellos pese a su esfuerzo, con Giovanni encargado de generarles los pases, debieron sentirse más solos que Gagarin en su cápsula espacial.
En este caso y contrario al refrán, no hay lugar a dudas de que el muerto si debe buscarse río arriba. En el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol es donde recae la responsabilidad por una derrota con sabor a vergüenza.
Vergüenza que se convierte en ira cuando la cabeza visible de dicho comité, Luis Bedoya, sale a declarar al término del partido con Chile que es apresurado tomar decisiones. Lo mínimo que se esperaba de alguien con algo de decencia es que hubiera anunciado ante los medios la renuncia irrevocable a su cargo.
Ante tal desfachatez se pregunta uno si Bedoya hablaba desde Medellín, y realmente había visto el partido, o si pasó la tarde del sábado en los columpios de alguna finca sabanera como hace los fines de semana, mientras todo el mundo ve fútbol, tal y como es sabido.
Sólo a unos tipos que no les interesa el fútbol se les ocurriría dejar de lado la oferta del Gobierno Nacional. Éste, ante la falta de pan quería colmar al país de circo. Según declaró Francisco Santos estaba dispuesto a cancelar la suma que, en su momento, exigía Marcelo Bielsa para asumir las riendas de la selección. Bielsa cambió la cara del fútbol chileno, mientras Colombia debió conformarse durante media eliminatoria con ver la cara de llanto de su técnico.
Sólo al interés mezquino de unos personajes a quienes el juego les tiene sin cuidado, se les ocurriría truncar un proceso exitoso como el que llevaba Eduardo Lara en juveniles. Todo para procurarse un seleccionador nacional, sin bagaje con mayores y de entrada manipulable. Seguramente ahora cortarán su cabeza e ilusionarán al país con uno extranjero que les sirva de cortina de humo. Solo mientras las mareas se calman y encuentran uno a su medida, que no exija, no ponga problemas y sobre todo, que acepte sin chistar sus imposiciones.
Por eso, lo único aceptable ahora para el fútbol colombiano es que los miembros del Comité Ejecutivo de la Federación, empezando por su presidente, den un paso al costado. Son los responsables únicos de un fracaso surgido -mas que en la cabeza del técnico o en las piernas de los jugadores- en su propia incompetencia, falta de visión y si, en la preponderancia de intereses personales que todo un país conoce.
Publicado originalmente el viernes 16 de octubre de 2009 en www.semana.com
Sin excusas
A menos de una semana del partido contra Chile, en el cual Colombia se jugará la última carta para regresar al mundial, la selección entrena en Medellín a las órdenes de Eduardo Lara. Tal y como se esperaba el técnico convocó para la ocasión a un equipo sin mayores novedades respecto al que prácticamente sepultó la clasificación contra Uruguay en Montevideo.
Y es que pese a los paupérrimos recuerdos que dejó la selección en la derrota ante el peor combinado charrúa que se haya visto en los últimos 10 años, puede afirmarse con base en hechos claros, que Colombia no tiene excusas para superar con facilidad a los chilenos.
Para empezar, se juega en el Atanasio Girardot, sede determinada por los veteranos del equipo, quienes lograron mover el partido con su poder de persuasión. Éste, originalmente programado para disputarse en Bogotá, se trasladó a la capital antioqueña donde la selección se siente como en casa, según vociferaron un par de figurones.
En casa uno se siente a sus anchas. Por eso, y sin duda alguna, el partido contra los chilenos tiene que ser un mero trámite para los dirigidos por Lara. Ellos, ante el intimidante aliento de 15 o 18 mil personas –incondicionales sólo mientras sea alineado el ídolo de “la tierra”- tienen la obligación de imponer las condiciones en la cancha.
Bajo esta circunstancia, y en este país en donde hasta los subsidios otorgados a la agricultora Valerie Domínguez tienen una excusa, resultaría literalmente injustificable que el equipo no venciera a los australes. Además los líderes, con nombre propio, se apuntarían su tercer fracaso consecutivo en eliminatorias mundialistas, pese a contar con el don divino de tener clarísimo lo que le conviene a la selección.
Tampoco tendrán excusa los dirigentes que tienen en el banco al técnico ideal: buen padre de familia, sensible, de llanto fácil y voluntad flexible. Él mismo que conociendo la suerte corrida por su predecesor Jorge Luis Pinto, ha acostumbrado al país a verle aceptar las “sugerencias” de jugadores sobre la sede del partido, de directivos sobre los partidos de preparación, e incluso de empresarios sobre los que deben alinearse. Estos intereses encontraron en Lara al técnico de sus sueños. Un personaje que les cae como anillo al dedo y que a juzgar por estas actitudes sigue el conocido refrán: el que no sirve que no estorbe.
No hay justificación para la derrota. Al fin y al cabo, la selección se enfrenta apenas a la de Marcelo Bielsa, técnico modesto e indigno de dirigir a Colombia por el hecho de no ser capaz de ubicar en el mapa el municipio de La Tebaida. Todo a juzgar por el curioso criterio de los miembros de la plana mayor de la Federación Colombiana de Fútbol, quienes dudan en aventurarse más allá (o mejor dicho, más acá) de Cajamarca por temor a encontrarse con dragones y monstruos desconocidos.
Menos excusas tendrá el técnico que encuentra a la mayoría de sus convocados atravesando picos de rendimiento altos. Por mencionar solo algunos: Falcao García y Rodallega llegan precedidos de varios goles en Europa, Jackson Martínez se saborea en la cima del rentado nacional, y Giovanni Hernández -quien a sus 33 añitos sigue siendo la gran promesa del fútbol colombiano- brilla domingo a domingo en el Junior de Barranquilla.
Como si todo lo anterior no fuera suficiente para superar a los chilenos, la suerte también parece empeñada en ayudar a la selección. La repentina y lamentable lesión del arquero Agustín Julio, garantiza que Colombia no saltará a la cancha con un gol de desventaja como fue costumbre en los últimos partidos.
Y es que pese a los paupérrimos recuerdos que dejó la selección en la derrota ante el peor combinado charrúa que se haya visto en los últimos 10 años, puede afirmarse con base en hechos claros, que Colombia no tiene excusas para superar con facilidad a los chilenos.
Para empezar, se juega en el Atanasio Girardot, sede determinada por los veteranos del equipo, quienes lograron mover el partido con su poder de persuasión. Éste, originalmente programado para disputarse en Bogotá, se trasladó a la capital antioqueña donde la selección se siente como en casa, según vociferaron un par de figurones.
En casa uno se siente a sus anchas. Por eso, y sin duda alguna, el partido contra los chilenos tiene que ser un mero trámite para los dirigidos por Lara. Ellos, ante el intimidante aliento de 15 o 18 mil personas –incondicionales sólo mientras sea alineado el ídolo de “la tierra”- tienen la obligación de imponer las condiciones en la cancha.
Bajo esta circunstancia, y en este país en donde hasta los subsidios otorgados a la agricultora Valerie Domínguez tienen una excusa, resultaría literalmente injustificable que el equipo no venciera a los australes. Además los líderes, con nombre propio, se apuntarían su tercer fracaso consecutivo en eliminatorias mundialistas, pese a contar con el don divino de tener clarísimo lo que le conviene a la selección.
Tampoco tendrán excusa los dirigentes que tienen en el banco al técnico ideal: buen padre de familia, sensible, de llanto fácil y voluntad flexible. Él mismo que conociendo la suerte corrida por su predecesor Jorge Luis Pinto, ha acostumbrado al país a verle aceptar las “sugerencias” de jugadores sobre la sede del partido, de directivos sobre los partidos de preparación, e incluso de empresarios sobre los que deben alinearse. Estos intereses encontraron en Lara al técnico de sus sueños. Un personaje que les cae como anillo al dedo y que a juzgar por estas actitudes sigue el conocido refrán: el que no sirve que no estorbe.
No hay justificación para la derrota. Al fin y al cabo, la selección se enfrenta apenas a la de Marcelo Bielsa, técnico modesto e indigno de dirigir a Colombia por el hecho de no ser capaz de ubicar en el mapa el municipio de La Tebaida. Todo a juzgar por el curioso criterio de los miembros de la plana mayor de la Federación Colombiana de Fútbol, quienes dudan en aventurarse más allá (o mejor dicho, más acá) de Cajamarca por temor a encontrarse con dragones y monstruos desconocidos.
Menos excusas tendrá el técnico que encuentra a la mayoría de sus convocados atravesando picos de rendimiento altos. Por mencionar solo algunos: Falcao García y Rodallega llegan precedidos de varios goles en Europa, Jackson Martínez se saborea en la cima del rentado nacional, y Giovanni Hernández -quien a sus 33 añitos sigue siendo la gran promesa del fútbol colombiano- brilla domingo a domingo en el Junior de Barranquilla.
Como si todo lo anterior no fuera suficiente para superar a los chilenos, la suerte también parece empeñada en ayudar a la selección. La repentina y lamentable lesión del arquero Agustín Julio, garantiza que Colombia no saltará a la cancha con un gol de desventaja como fue costumbre en los últimos partidos.
A las patadas.
Cuando lean esta columna, un grupo de jugadores, algunos más disfrazados que ataviados con el uniforme de la selección Colombia, ya habrán brincado durante 90 minutos en una cancha en Dallas para ganarle 2 a 1 a la selección mexicana. Fue el último choque amistoso de preparación para los partidos contra Chile y Paraguay en el cierre de las eliminatorias suramericanas rumbo al mundial de Sudáfrica 2010.
Pero aunque el partido pudo tener mucho de amistoso, realmente tuvo muy poco de preparatorio. Pese a las cuentas mágicas de los gurús de las calculadoras –y a las ilusiones exacerbadas de un país cada día más colmado de “pasión” y más ajeno a la razón- la selección se encuentra al borde del nocaut casi desde el comienzo mismo de las eliminatorias.
El momento no podía ser peor. A menos de dos semanas de los juegos de eliminatoria y con jornadas importantes que se jugaron justo el mismo día en los torneos continentales europeos, el técnico Eduardo Lara -quien claramente no es Marcelo Bielsa, y terminó obedeciendo las órdenes de sus patrones- debió conformarse con armar un equipo basado en jugadores del pobre torneo local. Muchos posiblemente estrenan pasaporte para la ocasión, el mismo que archivarán al volver al país, a menos que sea para llevar a los niños a Disney World, porque tal vez esta experiencia con la selección sea la única en sus vidas.
El lugar tampoco podía ser peor. Las tradicionales políticas migratorias del gobierno estadounidense y la obstinación de improvisar partidos en este país, limitaron aún más las posibilidades de llevar un equipo similar al que debería prepararse para los partidos de eliminatoria. Este factor, obvio para cualquier ser humano con el discernimiento de un chimpancé, sigue pasando increíblemente desapercibido para los dirigentes de la Federación Colombiana de Fútbol.
Para colmo, el rival, aparentemente de peso, tampoco dio motivos de consuelo. En todas partes se cuecen habas, y más allá del gusto por El Chavo y la pasión por las rancheras, muchas prácticas nos hermanan a los mexicanos. Así, los directivos manitos no fueron inferiores al reto impuesto por sus pares colombianos y se las arreglaron para llevar a territorio norteamericano un rejuntado que, pese a estar lleno de nombres históricos, poco tiene que ver con el equipo actualmente inmerso en las eliminatorias al mundial por su zona: la Concacaf.
El hecho de que el resultado del partido haya sido positivo, no pasará de ser una anécdota importante apenas para los gomosos de las estadísticas. Algunos jugadores habrán vivido la mejor experiencia de sus vidas; Sus madres felices, los habrán visto en la televisión. Uno que otro empresario habilidoso, seguramente se habrá llevado unos buenos dólares y uno que otro directivo gordo, habrá gastado sus viáticos al calor de unos cuantos whiskies.
Este jueves o a más tardar la semana entrante, Lara publicará la lista definitiva de jugadores para afrontar los partidos con Chile y Paraguay. En la lista de 22 habrá a lo sumo 2, 3 o 5 de aquellos que fueron a “prepararse” a Dallas.
Pero más allá del resultado con triunfo de Colombia, el fútbol colombiano pierde. Llegarán los partidos decisivos y se habrá desperdiciado la posibilidad de tener una verdadera preparación en otro momento, en otro lugar y ante otro rival. Y seguirá perdiendo, porque al parecer, los directivos colombianos no han logrado entender que en el fútbol, los únicos que tienen el derecho de hacer las cosas con las patas son los futbolistas.
Públicado originalmente el jueves 1 de octubre de 2009 en www.semana.com
Pero aunque el partido pudo tener mucho de amistoso, realmente tuvo muy poco de preparatorio. Pese a las cuentas mágicas de los gurús de las calculadoras –y a las ilusiones exacerbadas de un país cada día más colmado de “pasión” y más ajeno a la razón- la selección se encuentra al borde del nocaut casi desde el comienzo mismo de las eliminatorias.
El momento no podía ser peor. A menos de dos semanas de los juegos de eliminatoria y con jornadas importantes que se jugaron justo el mismo día en los torneos continentales europeos, el técnico Eduardo Lara -quien claramente no es Marcelo Bielsa, y terminó obedeciendo las órdenes de sus patrones- debió conformarse con armar un equipo basado en jugadores del pobre torneo local. Muchos posiblemente estrenan pasaporte para la ocasión, el mismo que archivarán al volver al país, a menos que sea para llevar a los niños a Disney World, porque tal vez esta experiencia con la selección sea la única en sus vidas.
El lugar tampoco podía ser peor. Las tradicionales políticas migratorias del gobierno estadounidense y la obstinación de improvisar partidos en este país, limitaron aún más las posibilidades de llevar un equipo similar al que debería prepararse para los partidos de eliminatoria. Este factor, obvio para cualquier ser humano con el discernimiento de un chimpancé, sigue pasando increíblemente desapercibido para los dirigentes de la Federación Colombiana de Fútbol.
Para colmo, el rival, aparentemente de peso, tampoco dio motivos de consuelo. En todas partes se cuecen habas, y más allá del gusto por El Chavo y la pasión por las rancheras, muchas prácticas nos hermanan a los mexicanos. Así, los directivos manitos no fueron inferiores al reto impuesto por sus pares colombianos y se las arreglaron para llevar a territorio norteamericano un rejuntado que, pese a estar lleno de nombres históricos, poco tiene que ver con el equipo actualmente inmerso en las eliminatorias al mundial por su zona: la Concacaf.
El hecho de que el resultado del partido haya sido positivo, no pasará de ser una anécdota importante apenas para los gomosos de las estadísticas. Algunos jugadores habrán vivido la mejor experiencia de sus vidas; Sus madres felices, los habrán visto en la televisión. Uno que otro empresario habilidoso, seguramente se habrá llevado unos buenos dólares y uno que otro directivo gordo, habrá gastado sus viáticos al calor de unos cuantos whiskies.
Este jueves o a más tardar la semana entrante, Lara publicará la lista definitiva de jugadores para afrontar los partidos con Chile y Paraguay. En la lista de 22 habrá a lo sumo 2, 3 o 5 de aquellos que fueron a “prepararse” a Dallas.
Pero más allá del resultado con triunfo de Colombia, el fútbol colombiano pierde. Llegarán los partidos decisivos y se habrá desperdiciado la posibilidad de tener una verdadera preparación en otro momento, en otro lugar y ante otro rival. Y seguirá perdiendo, porque al parecer, los directivos colombianos no han logrado entender que en el fútbol, los únicos que tienen el derecho de hacer las cosas con las patas son los futbolistas.
Públicado originalmente el jueves 1 de octubre de 2009 en www.semana.com
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