El pasado jueves 5 de noviembre se llevó a cabo la asamblea de clubes de la Dimayor, que terminó con la toma de decisiones importantes para el futuro del fútbol profesional colombiano.
Algunas de ellas, francamente geniales. Al fin y al cabo, ¿Hay mejor premio para el buen desempeño de la selección sub-17 en Nigeria que la eliminación de la norma que obligaba a los equipos a alinear un jugador juvenil en cada uno de los partidos del campeonato?
También se determinó que Golty seguiría siendo por otros 4 años el proveedor de los balones del torneo. Pero sobre todo, se tomó una de las decisiones más trascendentales de los últimos tiempos en el fútbol colombiano: la designación de Postobón como patrocinador del campeonato, que ante la forzosa retirada de Protabaco, había quedado en un desamparo preocupante.
El tema, decidido por la mayoría absoluta de los equipos asistentes a la Asamblea (55 por ciento), ha desatado una polémica en la que muchas cosas han sido puestas en tela de juicio: desde la transparencia en la toma de la decisión hasta la neutralidad del patrocinador.
Sin embargo resulta injustificable dudar de la sapiencia y buenas intenciones de los directivos asistentes. Sería un sacrilegio sospechar de la decisión tomada. Por ejemplo, y aún en medio del salvaje capitalismo en el que vivimos, el hecho de que las propuestas de Coca Cola y BBVA, fueran económicamente más jugosas no debe verse más que como un hecho anecdótico, carente de relevancia. Todo por amor a la industria nacional, claro.
Tampoco puede ponerse en tela de juicio la independencia del patrocinador, ni alegar la existencia de un burdo conflicto de intereses, que avergonzaría al mismísimo Tomás Uribe. En últimas, resulta apenas un hecho insignificante el que uno de los equipos participantes pertenezca al mismo grupo empresarial del generoso mecenas.
Por si quedan dudas, Ramón Jessurum, presidente de la Dimayor, complacido y con el pecho inflado de felicidad, declaró contar con un acuerdo de palabra por el que Postobón le prometía mantener su neutralidad en el campeonato.
Así, en un país en el que la palabra todo lo vale, las mentes maliciosas podrán dormir tranquilas. Al fin y al cabo, hechos como el sucedido hace unos meses cuando Postobón amenazó con retirar su patrocinio de la Copa que lleva su nombre si Atlético Nacional recibía sanciones –específicamente contempladas en el reglamento del campeonato- son seguramente cosa del pasado.
Tampoco deben quedar dudas cuando la empresa, en señal de buena voluntad y con una cercanía apenas coincidencial a la realización de la Asamblea, desembolsó las sumas que por concepto de cuotas correspondientes a dicho patrocinio, había dejado de cancelar en razón de tal incidente.
En todo caso, la decisión ya está tomada. A estas alturas resulta absurda cualquier suspicacia y entrar en conjeturas es inútil. La verdad es mejor aplicar el principio de buena fe, pensando que más allá de sus intereses y de los precedentes, el patrocinador respetará por encima de todo el espíritu deportivo.
Después de todo lo dicho, no deben preocuparse los hinchas. Además es claro que los directivos de sus equipos no fueron a la Asamblea solo a llenarse los bigotes y las solapas de sus trajes con migas de pastel gloria. No hay que dudar un minuto que, como es su costumbre, tomaron la mejor decisión para sus equipos y para el fútbol colombiano. Lo que si quedó clarísimo es que cualquier pataleo o queja en el futuro, justa o injusta, no puede ser tomada más que como una payasada o como el lamento por su alma de alguien que quizás se la vendió al diablo.
Públicado originalmente el viernes 13 de noviembre de 2009 en www.semana.com
martes, 17 de noviembre de 2009
jueves, 5 de noviembre de 2009
Los "sin tocayo"
Bayern Munich, AC Milan y Liverpool así como son clubes famosos, ganadores e inmortales, provocan bostezos por la poca creatividad de sus nombres. Hay instituciones humildes y de las otras que además de jugar contra 11, salen a la cancha con sus blasones henchidos de emoción: pueden perder todos los partidos, pero sus nombres los han inmortalizado, más que las ligas y los títulos que hayan podido ganar.
Al mencionar las palabras Lota Schwager lo primero que pasa por la cabeza es una marca de productos de cuidado capilar, de calidad superior y mayor precio que los de Silueta Schwarzkopf. Muy pocos saben que Lota Schwager es simplemente un club de fútbol de una empobrecida región carbonera del sur de Chile.
En Argentina se encuentra una genuina joya, el Club Atlético Al Ver Verás, fundado en 1930, y que en los ochenta intentara cambiar su nombre por el más anodino de Estudiantes, generando tal animadversión en su afición que sus directivos lo regresaron, tras una temporada pobre en taquillas, a su denominación original.
Sin embargo, estos destellos de creatividad palidecen al lado de Perú, país que si bien en las eliminatorias al Mundial marcha de último, en el campeonato de nombres curiosos para sus equipos es campeón mundial y vitalicio. Inti Gas de Ayacucho, Total Clean de Arequipa. Sport Coopsol, Ciclista Lima, Espartanos de Pacasmayo, Hungaritos Agustinos, Hijos de Yurimahuas y el Deportivo Bolito, tuvieron en su momento su prueba de fuego en el fútbol profesional del país incaico y, claro, pusieron en jaque a los narradores.
Pero no es problema exclusivamente nuestro: en España anda el Júpiter, equipo en el que 11 catalanes de vientre prominente, piernas blancas y rodillas rosadas ponen en juego su honor en una de las divisionales del fútbol regional. A pesar de su esfuerzo, no se lleva el premio máximo en su país, honor que sin duda alguna ostenta un homólogo suyo en la región de Castilla: el Club Atlético Cabeza del Buey.
Tampoco puede olvidarse el zoológico (¿o la granja?) mexicano, en el que entre tantos Pumas, Chivas, Jaguares y Tecolotes se destacan los Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, equipo que después de vivir algunos momentos gloriosos en la A, juega ahora en divisiones menores del futból (ojo, no fútbol) manito, como si el pajarraco del que lleva su nombre hubiese sido atrapado por el coyote.
También merece su espacio nuestro fútbol, que, segundón esta vez de los inigualables peruanos –como en cuestiones de himnos frente a los franceses-, ha visto desfilar entre otros al inefable Boyacá Chicó, que conjugó en un solo engendro a una región predominantemente rural del país con uno de los sectores más elitistas de Bogotá. De lejos se lleva el premio mayor, seguido de cerca por La Equidad, ahora el más poderoso equipo capitalino. En Manizales, sin embargo, se jactan porque su club tal vez es el que más notarías ha tenido que visitar para cambiar su nombre: Once Caldas, Once Deportivo, Cristal Caldas, Varta Caldas y un casi increíble Once Philips, son algunas de las denominaciones a las que los hinchas del “blanco blanco” han debido adaptar nuevamente sus cánticos, sin terminar de aprenderse los viejos.
No se puede terminar este compendio sin mencionar a la más incomprensible de las denominaciones: así como en España, el Real Madrid o la Real Sociedad rinden un justificado honor a la monarquía que por herencia, y tras siglos de tradición, rige sus destinos, los colombianos hemos tenido que ver sorprendidos cómo, seguramente al calor de unos rones, enloquecidos directivos han creado engendros como el Real Cartagena o el Real Santander. Esto, en unas tierras en que los únicos reyes que se conocen son el Rey Vallenato y el Rey Momo.
Al final, todo deja de ser un problema de nombre: se convierte en tema de identificación para ciertas características de los futbolistas. Por ejemplo hay que brindar porque el borrachín y talentoso jugador venezolano Stalin Rivas (ex Millonarios) terminó su carrera en el… Guaros de Lara. Pudo haberlo hecho también en el famoso 11 Whiskies Dobles, de Argentina. Mejor no especular sobre qué jugador, técnico o dirigente quisiera fichar para el Bonita Banana de Ecuador.
Texto públicado originalmente en Revista Shock, Febrero de 2009.
Al mencionar las palabras Lota Schwager lo primero que pasa por la cabeza es una marca de productos de cuidado capilar, de calidad superior y mayor precio que los de Silueta Schwarzkopf. Muy pocos saben que Lota Schwager es simplemente un club de fútbol de una empobrecida región carbonera del sur de Chile.
En Argentina se encuentra una genuina joya, el Club Atlético Al Ver Verás, fundado en 1930, y que en los ochenta intentara cambiar su nombre por el más anodino de Estudiantes, generando tal animadversión en su afición que sus directivos lo regresaron, tras una temporada pobre en taquillas, a su denominación original.
Sin embargo, estos destellos de creatividad palidecen al lado de Perú, país que si bien en las eliminatorias al Mundial marcha de último, en el campeonato de nombres curiosos para sus equipos es campeón mundial y vitalicio. Inti Gas de Ayacucho, Total Clean de Arequipa. Sport Coopsol, Ciclista Lima, Espartanos de Pacasmayo, Hungaritos Agustinos, Hijos de Yurimahuas y el Deportivo Bolito, tuvieron en su momento su prueba de fuego en el fútbol profesional del país incaico y, claro, pusieron en jaque a los narradores.
Pero no es problema exclusivamente nuestro: en España anda el Júpiter, equipo en el que 11 catalanes de vientre prominente, piernas blancas y rodillas rosadas ponen en juego su honor en una de las divisionales del fútbol regional. A pesar de su esfuerzo, no se lleva el premio máximo en su país, honor que sin duda alguna ostenta un homólogo suyo en la región de Castilla: el Club Atlético Cabeza del Buey.
Tampoco puede olvidarse el zoológico (¿o la granja?) mexicano, en el que entre tantos Pumas, Chivas, Jaguares y Tecolotes se destacan los Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, equipo que después de vivir algunos momentos gloriosos en la A, juega ahora en divisiones menores del futból (ojo, no fútbol) manito, como si el pajarraco del que lleva su nombre hubiese sido atrapado por el coyote.
También merece su espacio nuestro fútbol, que, segundón esta vez de los inigualables peruanos –como en cuestiones de himnos frente a los franceses-, ha visto desfilar entre otros al inefable Boyacá Chicó, que conjugó en un solo engendro a una región predominantemente rural del país con uno de los sectores más elitistas de Bogotá. De lejos se lleva el premio mayor, seguido de cerca por La Equidad, ahora el más poderoso equipo capitalino. En Manizales, sin embargo, se jactan porque su club tal vez es el que más notarías ha tenido que visitar para cambiar su nombre: Once Caldas, Once Deportivo, Cristal Caldas, Varta Caldas y un casi increíble Once Philips, son algunas de las denominaciones a las que los hinchas del “blanco blanco” han debido adaptar nuevamente sus cánticos, sin terminar de aprenderse los viejos.
No se puede terminar este compendio sin mencionar a la más incomprensible de las denominaciones: así como en España, el Real Madrid o la Real Sociedad rinden un justificado honor a la monarquía que por herencia, y tras siglos de tradición, rige sus destinos, los colombianos hemos tenido que ver sorprendidos cómo, seguramente al calor de unos rones, enloquecidos directivos han creado engendros como el Real Cartagena o el Real Santander. Esto, en unas tierras en que los únicos reyes que se conocen son el Rey Vallenato y el Rey Momo.
Al final, todo deja de ser un problema de nombre: se convierte en tema de identificación para ciertas características de los futbolistas. Por ejemplo hay que brindar porque el borrachín y talentoso jugador venezolano Stalin Rivas (ex Millonarios) terminó su carrera en el… Guaros de Lara. Pudo haberlo hecho también en el famoso 11 Whiskies Dobles, de Argentina. Mejor no especular sobre qué jugador, técnico o dirigente quisiera fichar para el Bonita Banana de Ecuador.
Texto públicado originalmente en Revista Shock, Febrero de 2009.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
La revancha de Reinaldo.
Montados en el bus de la victoria, muchos colombianos celebran como propia la clasificación al mundial, que de la mano de Reinaldo Rueda obtuvo la selección hondureña.
Al terminar la eliminatoria para Alemania 2006, parte de la afición e incluso sectores de la prensa pidieron en coro la salida de Rueda, entonces técnico de Colombia. Lo calificaron de inepto y falto de carácter. Ahora cambiaron de bando, con una habilidad que haría sonrojar a más de uno de los congresistas de Cambio Radical. Aclaman su nombre como el salvador, luego de presenciar la debacle en que terminó la reciente eliminatoria.
Sin embargo, para desilusión de tanto oportunista suelto, debe decirse que el triunfo es de Rueda, y sólo de Rueda. En absoluto lo es del país que con una grosería que rozó en el desprecio le dio la espalda hace cuatro años.
No obstante, sin intentar presumir de triunfos ajenos, resulta justo hacer un reconocimiento al técnico vallecaucano, que con seriedad, trabajo y un proceso serio, llevó a la selección hondureña de vuelta a un mundial de fútbol después de 28 años.
En este país donde ante la improvisación solo queda esperar milagros, sorprende el trabajo de un tipo como Rueda, que no es fruto de la suerte, la rosca, las lágrimas o las promesas al señor milagroso de Buga. No. Es fruto de un proceso que involucra –mas allá de sus estudios en Europa- la dirección de combinados regionales y nacionales en todas las categorías, incluyendo su experiencia frustrada en la Selección Colombia de mayores.
Frustrada, entre comillas, si se tiene en cuenta que recibió el equipo en estado comatoso, de parte del desvergonzado Francisco Maturana, quien con su 8 por ciento de rendimiento dejó casi un muerto insepulto. El mismo que Reinaldo en una campaña titánica logró revivir para perder la clasificación a Alemania en la última fecha, y apenas por diferencia de goles.
Pero Rueda -pese a ganar más puntos en menos partidos de los que lograron Pinto y Lara juntos- contrariando la mentalidad imperante en un país que duerme en sus laureles, aprendió de sus errores. Continuó trabajando y actualizándose, hasta que un llamado de la federación hondureña en 2007 le brindó la oportunidad de la revancha.
Allí, aquel hombre que llegó a Tegucigalpa manejando un bajo perfil, se transformó en una especie de Mesías. A punta de trabajo esforzado y silencioso, conformó un cuerpo técnico que logró la hazaña de clasificar a la modesta selección centroamericana para el mundial, después de continuas frustraciones.
Con todo lo dicho es claro que Rueda, sin ser perfecto –su inveterada lentitud para efectuar cambios en momentos críticos se ha minimizado pero no se ha ido del todo- es la única opción aceptable, entre los técnicos colombianos, para asumir las riendas de la selección rumbo al próximo mundial. Esto con perdón de los entusiastas que vienen mencionando con fuerza el nombre de Leonel Álvarez, quien si bien puede tener mucho futuro, hasta ahora como entrenador no le ha ganado a nadie.
En todo caso, es bien difícil que Rueda con un mundial encima, esté dispuesto a trabajar con los mismos que en su anterior paso por la selección lo sacaron por la puerta de atrás. Olvidaron que lidiaban con algo con lo que claramente no están acostumbrados: un profesional.
Lo mejor que se puede desear al caleño en este momento es mucho éxito, eso si, antes de que la sal que suele verter este país en sus hijos caiga sobre él. Ante todo ahora que muchos resolvieron que Honduras será Colombia en el mundial, como hace cuatro años lo fue Ecuador o como siempre lo es cualquier equipo en el que un colombiano sirva, así sea de aguatero, diseñador de uniformes, catador de los huevos del desayuno o consejero espiritual.
Publicado originalmente el domingo 1 de noviembre de 2009 en www.semana.com
Al terminar la eliminatoria para Alemania 2006, parte de la afición e incluso sectores de la prensa pidieron en coro la salida de Rueda, entonces técnico de Colombia. Lo calificaron de inepto y falto de carácter. Ahora cambiaron de bando, con una habilidad que haría sonrojar a más de uno de los congresistas de Cambio Radical. Aclaman su nombre como el salvador, luego de presenciar la debacle en que terminó la reciente eliminatoria.
Sin embargo, para desilusión de tanto oportunista suelto, debe decirse que el triunfo es de Rueda, y sólo de Rueda. En absoluto lo es del país que con una grosería que rozó en el desprecio le dio la espalda hace cuatro años.
No obstante, sin intentar presumir de triunfos ajenos, resulta justo hacer un reconocimiento al técnico vallecaucano, que con seriedad, trabajo y un proceso serio, llevó a la selección hondureña de vuelta a un mundial de fútbol después de 28 años.
En este país donde ante la improvisación solo queda esperar milagros, sorprende el trabajo de un tipo como Rueda, que no es fruto de la suerte, la rosca, las lágrimas o las promesas al señor milagroso de Buga. No. Es fruto de un proceso que involucra –mas allá de sus estudios en Europa- la dirección de combinados regionales y nacionales en todas las categorías, incluyendo su experiencia frustrada en la Selección Colombia de mayores.
Frustrada, entre comillas, si se tiene en cuenta que recibió el equipo en estado comatoso, de parte del desvergonzado Francisco Maturana, quien con su 8 por ciento de rendimiento dejó casi un muerto insepulto. El mismo que Reinaldo en una campaña titánica logró revivir para perder la clasificación a Alemania en la última fecha, y apenas por diferencia de goles.
Pero Rueda -pese a ganar más puntos en menos partidos de los que lograron Pinto y Lara juntos- contrariando la mentalidad imperante en un país que duerme en sus laureles, aprendió de sus errores. Continuó trabajando y actualizándose, hasta que un llamado de la federación hondureña en 2007 le brindó la oportunidad de la revancha.
Allí, aquel hombre que llegó a Tegucigalpa manejando un bajo perfil, se transformó en una especie de Mesías. A punta de trabajo esforzado y silencioso, conformó un cuerpo técnico que logró la hazaña de clasificar a la modesta selección centroamericana para el mundial, después de continuas frustraciones.
Con todo lo dicho es claro que Rueda, sin ser perfecto –su inveterada lentitud para efectuar cambios en momentos críticos se ha minimizado pero no se ha ido del todo- es la única opción aceptable, entre los técnicos colombianos, para asumir las riendas de la selección rumbo al próximo mundial. Esto con perdón de los entusiastas que vienen mencionando con fuerza el nombre de Leonel Álvarez, quien si bien puede tener mucho futuro, hasta ahora como entrenador no le ha ganado a nadie.
En todo caso, es bien difícil que Rueda con un mundial encima, esté dispuesto a trabajar con los mismos que en su anterior paso por la selección lo sacaron por la puerta de atrás. Olvidaron que lidiaban con algo con lo que claramente no están acostumbrados: un profesional.
Lo mejor que se puede desear al caleño en este momento es mucho éxito, eso si, antes de que la sal que suele verter este país en sus hijos caiga sobre él. Ante todo ahora que muchos resolvieron que Honduras será Colombia en el mundial, como hace cuatro años lo fue Ecuador o como siempre lo es cualquier equipo en el que un colombiano sirva, así sea de aguatero, diseñador de uniformes, catador de los huevos del desayuno o consejero espiritual.
Publicado originalmente el domingo 1 de noviembre de 2009 en www.semana.com
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