A menos de una semana del partido contra Chile, en el cual Colombia se jugará la última carta para regresar al mundial, la selección entrena en Medellín a las órdenes de Eduardo Lara. Tal y como se esperaba el técnico convocó para la ocasión a un equipo sin mayores novedades respecto al que prácticamente sepultó la clasificación contra Uruguay en Montevideo.
Y es que pese a los paupérrimos recuerdos que dejó la selección en la derrota ante el peor combinado charrúa que se haya visto en los últimos 10 años, puede afirmarse con base en hechos claros, que Colombia no tiene excusas para superar con facilidad a los chilenos.
Para empezar, se juega en el Atanasio Girardot, sede determinada por los veteranos del equipo, quienes lograron mover el partido con su poder de persuasión. Éste, originalmente programado para disputarse en Bogotá, se trasladó a la capital antioqueña donde la selección se siente como en casa, según vociferaron un par de figurones.
En casa uno se siente a sus anchas. Por eso, y sin duda alguna, el partido contra los chilenos tiene que ser un mero trámite para los dirigidos por Lara. Ellos, ante el intimidante aliento de 15 o 18 mil personas –incondicionales sólo mientras sea alineado el ídolo de “la tierra”- tienen la obligación de imponer las condiciones en la cancha.
Bajo esta circunstancia, y en este país en donde hasta los subsidios otorgados a la agricultora Valerie Domínguez tienen una excusa, resultaría literalmente injustificable que el equipo no venciera a los australes. Además los líderes, con nombre propio, se apuntarían su tercer fracaso consecutivo en eliminatorias mundialistas, pese a contar con el don divino de tener clarísimo lo que le conviene a la selección.
Tampoco tendrán excusa los dirigentes que tienen en el banco al técnico ideal: buen padre de familia, sensible, de llanto fácil y voluntad flexible. Él mismo que conociendo la suerte corrida por su predecesor Jorge Luis Pinto, ha acostumbrado al país a verle aceptar las “sugerencias” de jugadores sobre la sede del partido, de directivos sobre los partidos de preparación, e incluso de empresarios sobre los que deben alinearse. Estos intereses encontraron en Lara al técnico de sus sueños. Un personaje que les cae como anillo al dedo y que a juzgar por estas actitudes sigue el conocido refrán: el que no sirve que no estorbe.
No hay justificación para la derrota. Al fin y al cabo, la selección se enfrenta apenas a la de Marcelo Bielsa, técnico modesto e indigno de dirigir a Colombia por el hecho de no ser capaz de ubicar en el mapa el municipio de La Tebaida. Todo a juzgar por el curioso criterio de los miembros de la plana mayor de la Federación Colombiana de Fútbol, quienes dudan en aventurarse más allá (o mejor dicho, más acá) de Cajamarca por temor a encontrarse con dragones y monstruos desconocidos.
Menos excusas tendrá el técnico que encuentra a la mayoría de sus convocados atravesando picos de rendimiento altos. Por mencionar solo algunos: Falcao García y Rodallega llegan precedidos de varios goles en Europa, Jackson Martínez se saborea en la cima del rentado nacional, y Giovanni Hernández -quien a sus 33 añitos sigue siendo la gran promesa del fútbol colombiano- brilla domingo a domingo en el Junior de Barranquilla.
Como si todo lo anterior no fuera suficiente para superar a los chilenos, la suerte también parece empeñada en ayudar a la selección. La repentina y lamentable lesión del arquero Agustín Julio, garantiza que Colombia no saltará a la cancha con un gol de desventaja como fue costumbre en los últimos partidos.
viernes, 16 de octubre de 2009
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